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El Museo de Historia que el legado mocano merece
Con una breve pero contundente reseña histórica, comunitarios y gestores culturales de la demarcación mocana solicitan formalmente, al presidente de la República Luis Abinader Corona, la construcción y apertura del “Museo de Historia de la provincia Espaillat”.
Por Juan Cruz Triffoli
Con una breve pero contundente reseña histórica, comunitarios y gestores culturales de la demarcación mocana solicitan formalmente, al presidente de la República Luis Abinader Corona, la construcción y apertura del “Museo de Historia de la provincia Espaillat”.
Se trata de un espacio donde tenga cabida gran parte de la memoria histórica de un terruño, enclavado en el epicentro de la fértil región cibaeña, que ha dado al país más de 300 hijos e hijas de proyección internacional, nacional y local.
Sobre esta interesante iniciativa nos informa el licenciado Orlando López, acucioso historiador y poeta, presidente del Presídium y de la Unión de Escritores en la referida comunidad norteña, a través de un extenso y valioso documento donde se resaltan anotaciones sobre la heroica provincia Espaillat, las cuales reproducimos a continuación.
Hacer referencia a Moca es aludir a una comarca con un clima variado, con terreno montañoso, ríos y playas, en donde se percibe una productividad agropecuaria diversa y atractiva.
La entidad provincial posee tierras de alta fertilidad y su denominación honra al ex presidente Ulises Francisco Espaillat.
Su municipio cabecera, Moca, debe su nombre a tres versiones: al árbol Mocán, una epidemia de moscas en el Paso de Moca o a un sub-taíno llamado Mocá, en Villa Trina.
Estudios sitúan su fundación en 1556, en el Alto del Fuerte, actual Cuartel de Bomberos y alrededores hasta Juan Lopito.
Por razones más que convincentes, Moca es calificada como cuna de héroes y sepulturera de tiranos por lo que algunos investigadores han coincidido en afirmar que “su historia está escrita con letras de oro y con actos de libertad”.
De sus entrañas surgieron ajusticiadores de dos dictadores: Lilís, el 26 de julio de 1899 y Trujillo, el 30 de mayo de 1961.
De esa población cibaeña han salido 3 presidentes, 5 vicepresidentes, 5 cancilleres, 48 ministros, 59 directores generales, 8 procuradores generales de la República, 4 presidentes de la JCE, 4 jueces de altas cortes, 8 ministros de Defensa y 5 jefes de la Policía Nacional.
En lo diplomático, los mocanos han dirigido 40 embajadas y 37 consulados.
En lo legislativo: 3 presidentes del Senado y 2 de la Cámara de Diputados.
En la sociedad civil: 23 presidentes de instituciones.
Moca aportó más de 200 combatientes a la Revolución de Abril de 1965, la mayor participación de un solo pueblo.
Los seis hombres de confianza del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó y del doctor José Francisco Peña Gómez son de origen mocano.
Entre ellos: el coronel Juan María Lora Fernández, Héroe Nacional y Jefe de Estado Mayor del Ejército Revolucionario; el ingeniero Alberto Guzmán, asesor político; el teniente coronel Dr. Rafaelito Martínez; el teniente Germán Ureña; el sargento Melanio Romero; el locutor Jaime López Brache; y el licenciado Winston Arnaud, jefe de escolta de Peña Gómez.
La comunidad mocana es pionera de la aviación dominicana.
Por iniciativa del presidente Horacio Vásquez se creó la primera Escuela Militar y de Aviación con 125,000 pesos.
La provincia ha dado 25 pilotos, incluyendo al primer dominicano que voló en la Segunda Guerra Mundial, al primer piloto comercial graduado en EE.UU. en 1935, el primer piloto graduado en el país y la primera mujer piloto comercial de RD.
En la Iglesia católica y la ciencia nacieron en la provincia Espaillat 6 obispos, entre ellos Hugo Eduardo Polanco Brito, Freddy Bretón y Diomedes Espinal, presidentes del Episcopado; y 6 científicos como el Dr. Juan Manuel Taveras Rodríguez padre de la Neurorradiología moderna, nacido en Estancia Nueva y el Dr. Sergio Bencosme.
En el campo de las letras los mocanos han aportado alrededor de 253 escritores con 1,593 libros y 554,753 páginas.
Entre esos escritores se destacan Juan Antonio Alix, Gabriel Morillo Sosa, Julio Jaime Julia y Bruno Rosario Candelier, miembro prominente de la Academia de la Lengua.
En las artes plásticas: Guillo Pérez, Silvano Lora, Papi Guadalupe y Hugo Mata.
En la música: Gabriel del Orbe, “Rey de las Octavas”; Papa Molina y Antonio Morel, forjadores del merengue y Oscar Wagner, quien trajo el son en 1928.
La provincia en referencia suma tres campeonatos mundiales de Paso Fino con la yegua “La Maraquita”; al maratonista Álvaro Abreu, campeón mundial; y a tres Inmortales del Deporte: Rubén Lulo, Alberto Resset y Alberto Delgado Malagón.
También registra en su historia el haber sido 8 veces capital política y productiva de la nación y 4 veces capital agropecuaria, al producir más del 85% de los huevos y el 60% de la mejor yuca del país.
La historia de Moca quedaría trunca si no hacemos alusión que ese punto geográfico es cuna de una de las Constituciones más liberales y democráticas del país, aprobada en 1858, siendo presidente de la nación el general José Desiderio Valverde.
Finalmente, dos frases resumen al mocano, resaltando su identidad y su honestidad: “Moca, cuna de héroes y sepulturera de tiranos” y “Secos, sacudidos y medidos por buen cajón”.
Por todo lo anterior y otras motivaciones no expuestas por razones de espacio, los pobladores de la provincia Espaillat no se cansarán en solicitar al presidente Luis Abinader Corona el levantamiento y la apertura de un Museo de Historia a la altura de sus innumerables y trascendentales aportes.
Definitivamente, tal como lo refiere el licenciado Orlando López, incansable investigador y promotor de la historia y la cultural de su pueblo natal, una provincia que ha dado tanto a la Patria, merece un lugar donde su memoria no se preste, se exhiba.
Ya veremos…
El autor es Sociólogo – Comunicador Dominicano
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¿Cómo incide WhatsApp en nuestras vidas?
WhatsApp es tecnología que ha llegado “para facilitarnos la vida”. Además de enviar y recibir mensajes o hacer llamadas, de audio y de video, desde guardar información hasta hacer reuniones son versatilidades que mucha gente encuentra en WhatsApp.
Por Néstor Estévez
WhatsApp es tecnología que ha llegado “para facilitarnos la vida”. Además de enviar y recibir mensajes o hacer llamadas, de audio y de video, desde guardar información hasta hacer reuniones son versatilidades que mucha gente encuentra en WhatsApp.
Sin embargo, acontecimientos muy recientes ayudan a seguir reafirmando un planteamiento que cada vez es más evidente: cuando te “dan” algo “gratis”, la mercancía eres tú.
¿Qué pasa con esta aplicación? A diferencia de TikTok o Instagram, donde abundan publicaciones de desconocidos, en WhatsApp interactuamos con familiares, amigos, compañeros y vecinos. Como confiamos en ellos, sus mensajes pueden influir especialmente en nuestras decisiones. Esto no significa que cada mensaje nos convenza, sino que el vínculo con quien lo envía cambia la manera en que lo recibimos.
Pero aquí también juega un papel muy importante la velocidad que nos han impuesto. Antes estábamos acostumbrados a esperar por una respuesta. Ahora, según estudios sobre conversaciones cotidianas, esperamos respuestas en menos de un segundo. Eso explica que cuando alguien nos “deja en visto”, en lugar de pensar “debe estar ocupado”, asumimos que algo anda mal; en cambio, si responde enseguida, lo asociamos con valoración.
Velocidad y presión de grupo
La rapidez influye en cómo interpretamos los mensajes. Un estudio encontró que las respuestas lentas pueden generar sospechas de mentira. Pero, además, en un grupo de WhatsApp, si muchos reaccionan rápidamente y coinciden, solemos sentir presión para responder y sumarnos a esa opinión, aunque todavía tengamos dudas.
WhatsApp facilita hablar con familiares lejanos, organizar actividades y sentirnos acompañados. Sin embargo, se recomienda comprobar la veracidad de lo que circula. Es que, como resulta tan fácil y ágil, mucha gente comparte sin asegurarse de lo que reenvía. Un mensaje enviado por alguien cercano puede parecernos más confiable que una noticia televisiva. Pero esa confianza merece tanta atención como el propio contenido.
También aparecen las llamadas “cámaras de eco”, que operan a modo de “cueva donde solo escuchas tu voz”. Así mismo opera un grupo donde todos piensan parecido: ciertas ideas se repiten tanto que terminan pareciendo verdades absolutas. Ya lo advirtió Daniel Kahneman: el cerebro humano suele confundir repetición con verdad.
El Ejército de Lula
En las recientes elecciones brasileñas, Lula quedó en desventaja en primera vuelta frente a Bolsonaro, pero después remontó. Durante una campaña que se libraba entre fallos informáticos y decisiones tecnopolíticas, el diputado André Janones impulsó un canal llamado «El Ejército de Lula«, que reunió a casi 11 millones de personas en tres semanas.
Janones proponía misiones diarias, como «Hoy todos vamos a buscar en Google estas palabras» o «Vamos a comentar todos en esta publicación». También animaba a los seguidores a publicar fotografías con la camiseta amarilla de Brasil. Lula participó con videos breves, selfies y bromas, en lugar de discursos extensos. Inicialmente, no se llamó a pensar, se aplicó velocidad para la acción. Finalmente, Lula ganó.
Este caso muestra la importancia que puede adquirir la gestión de la atención pública en una campaña. Janones aprovechó la aplicación para coordinar personas como un ejército digital, que es mucho más que simple transmisión de mensajes. En definitiva, el uso de la aplicación depende de quienes la manejan: puede servir para movilizar, pero también para manipular.
Entonces, ¿cómo mantener autonomía?
No hace falta borrar WhatsApp. Conviene prestar atención a tres señales. Primero, observa el ritmo: si un grupo se llena de mensajes urgentes, mayúsculas y emojis de alarma, no respondas automáticamente. La velocidad suele dificultar la reflexión.
Segundo, pregunta de dónde viene la información. Mensajes como «reenvía esto a 10 personas» o «mira esto antes de que lo borren» pueden buscar que actúes automáticamente, sin comprobar nada. Antes de compartir, verifica la fuente.
Tercero, sal de tu “cámara de eco”. Si todos tus grupos repiten una misma idea, consulta medios confiables y escucha otras perspectivas. Buscar ayuda fuera de ahí, pero también importa evaluar la calidad de lo que encuentras.
WhatsApp no decide por ti, aunque puede favorecer reacciones rápidas y emocionales. Cuando un mensaje te provoque miedo o rabia, recuerda que esas emociones pueden utilizarse para influir en ti. Puedes responder en dos segundos o tomarte dos horas para pensar. Esa pausa puede ayudarte a decidir por cuenta propia.
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Una política fronteriza integral: seguridad, inversión y desarrollo para la República Dominicana
La frontera dominicana constituye un espacio estratégico para la soberanía nacional, la seguridad ciudadana y el desarrollo económico. Sin embargo, sus desafíos no pueden abordarse exclusivamente mediante vigilancia militar y controles migratorios.
Por Doctor Ramón Ceballo
La frontera dominicana constituye un espacio estratégico para la soberanía nacional, la seguridad ciudadana y el desarrollo económico. Sin embargo, sus desafíos no pueden abordarse exclusivamente mediante vigilancia militar y controles migratorios.
Es necesario impulsar una política fronteriza integral que combine protección territorial, infraestructura, inversión privada, generación de empleos y mejores condiciones de vida para las comunidades que habitan esas provincias.
Fortalecer la seguridad de la frontera debe ser una prioridad nacional. El Estado tiene la responsabilidad de proteger a los ciudadanos, garantizar la tranquilidad de los productores y prevenir los delitos que afectan la actividad económica. No obstante, la seguridad debe concebirse como parte de una estrategia más amplia, capaz de responder tanto a las amenazas inmediatas como a las causas económicas y sociales que limitan el desarrollo de la región.
La experiencia de pequeños productores ilustra la dimensión humana de este problema. Los ganaderos cuyas fincas colindaban con Haití debían trasladar cada noche su ganado al patio de sus viviendas para evitar que se las robaran. Este caso refleja las dificultades que pueden enfrentar quienes producen en zonas fronterizas y la necesidad de establecer mecanismos eficaces de vigilancia, prevención del delito y protección de la propiedad.
Pero proteger la frontera también significa crear condiciones para que sus habitantes puedan vivir, trabajar y prosperar en sus propias comunidades.
Una política fronteriza sostenible requiere carreteras, energía eléctrica, agua potable, conectividad digital, centros educativos, servicios sanitarios y espacios adecuados para la producción y comercialización. Estas inversiones permiten reducir las desigualdades territoriales, mejorar la competitividad y facilitar la integración económica de las comunidades.
Asimismo, es indispensable establecer incentivos transparentes para atraer capital privado hacia las provincias fronterizas. La simplificación de trámites, el acceso al crédito, la capacitación laboral y los estímulos fiscales sujetos a resultados verificables pueden contribuir a la instalación de empresas, la creación de empleos formales y el fortalecimiento de las actividades agropecuarias, comerciales e industriales.
El desarrollo energético e industrial de Manzanillo representa una referencia importante para esta visión. Este tipo de iniciativas puede generar oportunidades económicas y estimular nuevas inversiones, siempre que sus beneficios se traduzcan también en empleos locales, encadenamientos productivos y mejoras concretas para las comunidades.
El objetivo debe ser construir una frontera segura, productiva y socialmente integrada. Para ello, la coordinación entre el Gobierno central, los gobiernos locales, el sector privado y las organizaciones comunitarias resulta fundamental. También se requiere evaluar periódicamente los resultados mediante indicadores de seguridad, inversión, empleo, ingresos y calidad de los servicios públicos.
En definitiva, fortalecer la frontera dominicana significa proteger el territorio y, al mismo tiempo, desarrollar a las personas que lo habitan. La vigilancia es indispensable, pero su eficacia será mayor cuando esté acompañada de oportunidades económicas, instituciones sólidas e inversión sostenible.
La soberanía nacional no se garantiza únicamente con presencia estatal; también se consolida cuando las comunidades fronterizas disponen de condiciones dignas para vivir, producir y construir su futuro.
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Francia como referente
Francia es, para muchos, referente de la moda, del buen vino, de los perfumes. Para otros, de los derechos humanos o de ideas transformadoras. En fin, cada quien ejerce su libertad de asumirla como mejor le cuadre.
Por Néstor Estévez
Francia es, para muchos, referente de la moda, del buen vino, de los perfumes. Para otros, de los derechos humanos o de ideas transformadoras. En fin, cada quien ejerce su libertad de asumirla como mejor le cuadre.
Ahora ocurre que esa misma Francia, la de De Gaulle, Descartes, Foucault, Morin, Napoleón, Victor Hugo, como parte de una larga lista de notables, vive otra forma de ser referente. En esa misma Francia, a estudiantes que reclamaban mejores condiciones educativas se han unido trabajadores y otros ciudadanos para protestar.
Para no hacer el cuento largo, el recién pasado sábado 17 de octubre, cientos de miles de personas salieron a las calles. Hubo marchas pacíficas, pero también enfrentamientos, incendios y graves daños. Diversos medios dan cuenta de más de dos mil detenidos y 600 agentes heridos.
Pero Francia no es un caso aislado. Desde el año pasado, en Nepal, Perú, Madagascar y Paraguay, jóvenes de la Generación Z han usado las redes para organizar protestas y expresar su rechazo a la corrupción, la falta de oportunidades y decisiones que consideran injustas.
Protestas en tiempos de virtualidad
De entrada, luce paradójico: en un mundo en donde la virtualidad parece ser la nueva realidad, las redes virtuales son usadas para difundir realidades. Bueno, realidades y también irrealidades disfrazadas de verdad.
Recordemos que ahora cualquiera dice, mucha gente le cree y hasta le ayuda a difundir desde palpitantes realidades hasta amañadas falsedades. Sobre el tema, imágenes incendiarias dan la vuelta al mundo en cuestión de segundos. Muchísima gente comparte, opina y discute. Pero ¿qué ocurre cuando una imagen pertenece a otro lugar o fue grabada hace años? ¿Cuánta gente repara en ello o se encarga de revisar al respecto? Realmente, penosamente, muy pocas personas lo hacen.
El tema ya se ha vuelto “enfermedad”. Antes de terminar de leer este texto, “productores de contenido” se habrán encargado de desviar a mucha gente de lo esencial. Por eso, mientras en Francia o en cualquier parte del mundo ocurren manifestaciones de protesta, otra batalla se libra en las pantallas: la de los relatos.
Sobran videos antiguos circulando como si mostraran protestas actuales. Nos atiborran de contenido generado con IA a disposición de gente que no sabe lo que tiene entre manos y mucho menos las consecuencias de sus acciones.
Lo penoso es que el común de la gente “no le para a eso”; sencillamente, recibe todo lo que le llega, cree y “le da pa’lla”. Así es como, con entretenimiento y manipulación perversa, terminamos “enredados en las patas de los caballos”. Y más penoso todavía: el daño no termina cuando alguien descubre el engaño. Para entonces, la confusión y la desconfianza, por no saber a quién creerle, ya pueden haberse extendido.
Un espejo para vernos
Ante semejante situación, uno termina no sabiendo a quién encomendarse. Pues, así como de esos países nos llega lo que realmente ocurre, mezclado con mucha mentira, ¿qué no ha de pasar en lugares en donde “política y pelótica” son solo dos expresiones de una amplia diversidad de entretenimientos?
Cierto es que las denominadas plataformas permiten denunciar abusos, reunir voluntades y dar voz a quienes antes tenían pocas oportunidades de ser escuchados. Sería un error verlas solamente como fábricas de mentiras porque también sirven como puertas para participar en los asuntos públicos.
El problema aparece cuando la rapidez vale más que la verdad. Una publicación que provoca miedo o rabia puede recibir miles de respuestas antes de que alguien pregunte si es cierta. Así nacen los bulos, los rumores disfrazados de noticias que pasan de una pantalla a otra y ponen a “galloloquiar” a gente que no se detiene ni un segundo para hacerse preguntas básicas.
Hay métodos sofisticados para manipular, pero también los hay muy sencillos. Basta con cambiar la fecha de un video, recortar una frase o publicar una foto sin explicar su origen. A eso se suma que ahora también existen herramientas de inteligencia artificial capaces de crear voces e imágenes que parecen auténticas.
Ahí viene un año preelectoral y otro para las elecciones. ¿Qué les parece si despertamos y nos vamos entrenando, antes de que asumamos a Francia como referente?
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Zonas francas, fábricas sin gente y el futuro que sí podemos construir
Por: Luis Medina Japa
Hay algo que se siente cuando uno camina por una zona franca en Santiago, en San Pedro o cerca de Caucedo. El ruido de las máquinas, el olor a tabaco recién cortado, el silencio casi quirúrgico de una línea de dispositivos médicos. Son lugares donde se fabrican cosas que terminan en hospitales de Estados Unidos, en humidores de Europa o en interruptores que protegen casas en medio mundo. Y también son lugares donde miles de dominicanos y dominicanas han encontrado un empleo formal, un salario estable y, en muchos casos, la posibilidad de estudiar o sacar adelante a su familia.
Ese ecosistema, que hoy supera los 200,000 empleos directos, está frente a una transformación global que no podemos ignorar: las fábricas fantasmas de China. Plantas donde casi no hay personas. Solo robots, inteligencia artificial y líneas que no duermen.
Tres sectores que ya cuentan una historia distinta
Dispositivos médicos
Este es, sin duda, el ejemplo más claro de cómo hemos evolucionado. En 2024 las exportaciones de equipos médicos superaron los US$2,800 millones y representaron más del 33 % de todo lo que venden las zonas francas. En 2025, solo entre enero y agosto, ya sumaban casi US$1,930 millones.
Hoy operan unas 42 empresas, entre ellas siete de las diez más grandes del mundo: Medtronic, Cardinal Health, Baxter, Becton Dickinson, Fresenius, B. Braun y Medline. Generan alrededor de 33,500 empleos directos (más de la mitad ocupados por mujeres) y han invertido cerca de US$1,940 millones. Aquí se fabrican desde agujas de biopsia y válvulas neuroquirúrgicas hasta monitores de presión arterial y productos para transfusión. No es trabajo de ensamblaje simple: exige precisión, estándares sanitarios y disciplina. Y eso se nota en el perfil de las personas que trabajan ahí.
Tabaco y cigarros
El tabaco sigue siendo uno de los motores más humanos del sector. En zonas francas genera cerca de 39,000 empleos y, si se suma toda la cadena (desde el campo hasta la exportación), supera los 122,000 puestos de trabajo. Hay unas 130 empresas de zonas francas dedicadas a tabaco y derivados, el 93 % concentradas en el Cibao.
Las exportaciones del sector alcanzaron US$1,359 millones en 2025. Detrás de cada caja de cigarros premium hay una historia de familias que llevan generaciones cultivando y enrollando tabaco. Es un sector que no se automatiza fácilmente. El toque humano sigue siendo parte del valor.
Productos eléctricos y electrónicos
Este renglón aporta alrededor del 14-15 % de las exportaciones de zonas francas y genera más de 10,400 empleos directos. En 2024 superó los US$1,160 millones. Se fabrican interruptores, conectores, componentes para sistemas de ignición, cerraduras electrónicas e incluso partes de teléfonos. Empresas como Eaton han apostado fuerte, abriendo nuevas plantas. Es un sector que combina ensamblaje con cada vez más componentes de mayor complejidad técnica.
Estos tres ejemplos muestran algo importante: las zonas francas dominicanas ya no viven solo del textil barato. Están migrando hacia actividades donde el conocimiento, la calidad y la cercanía al mercado pesan más que el salario mínimo.
Las fábricas que no necesitan luz
Mientras nosotros avanzamos, China está construyendo un modelo radicalmente distinto. Las “dark factories” o fábricas a oscuras operan casi sin trabajadores humanos. Xiaomi tiene una planta en Pekín capaz de producir un smartphone por segundo. Foxconn ha reemplazado decenas de miles de personas por robots. Fabricantes de vehículos eléctricos y baterías ya tienen líneas completas donde las luces se apagan porque nadie las necesita.
No es ciencia ficción. Es una realidad que reduce costos, elimina errores humanos y permite producir 24/7. Pero también plantea una pregunta incómoda: si el futuro de la manufactura global se mide solo por velocidad y costo de robots, ¿dónde quedamos nosotros?
La respuesta no está en competir con los robots
La respuesta está en otra parte. Está en convertir a República Dominicana en el lugar donde las empresas quieren estar porque llegan rápido al mercado más grande del mundo, porque pueden operar con previsibilidad y porque encuentran gente capacitada y una logística que funciona.
Aquí es donde la logística deja de ser un tema técnico y se convierte en una estrategia de país. Cuando una empresa de dispositivos médicos puede producir en una zona franca, almacenar en un parque logístico moderno cerca de Caucedo y despachar en tres o cuatro días a Miami o Nueva York, el cálculo cambia. Ya no se trata solo de fabricar barato. Se trata de responder rápido, con calidad y con menos riesgo geopolítico.
Qué debería hacer la política pública
Para que esto no se quede en discurso, hay decisiones concretas que el Estado y el sector privado deben tomar juntos:
- Acelerar la formación técnica de calidad
No basta con más cursos. Hay que alinear de forma agresiva los programas de INFOTEP, las universidades y las empresas para formar técnicos en automatización, mantenimiento de robots, calidad farmacéutica, logística digital y ciberseguridad industrial. Las 15,000 becas digitales anunciadas son un buen inicio, pero se necesita escala y continuidad.
- Simplificar de verdad los trámites
Instalar o expandir una empresa en zona franca todavía toma demasiado tiempo. Hay que digitalizar y reducir radicalmente los pasos para permisos, licencias ambientales y autorizaciones aduaneras. El tiempo es competitividad.
- Invertir en infraestructura logística de clase mundial
Más almacenes modernos (especialmente de cadena de frío), mejores conexiones viales entre parques industriales y puertos, y procesos aduaneros predecibles. La logística no es un costo: es el multiplicador de todo lo demás.
- Promover el encadenamiento local
Cada vez que una zona franca compra más a proveedores dominicanos, el beneficio se multiplica. Hay que diseñar incentivos claros para que las empresas grandes desarrollen proveedores locales de calidad.
- Definir una estrategia clara de nearshoring
No podemos seguir hablando del tema de forma dispersa. Se necesita una hoja de ruta con metas medibles, responsables y seguimiento público, enfocada en dispositivos médicos, electrónica, farmacéutica y servicios logísticos.
El futuro que sí podemos elegir
Las fábricas fantasmas de China nos recuerdan que el mundo avanza rápido. Pero también nos recuerdan que no todo se puede automatizar. La precisión de un dispositivo médico, el aroma de un cigarro premium o la capacidad de responder en días a un cliente en Estados Unidos siguen necesitando algo que los robots todavía no tienen: personas, ubicación y confianza.
República Dominicana tiene los tres. Lo que falta es decidir, con claridad y con urgencia, que vamos a apostar por un modelo donde la logística sea el corazón, el talento sea la ventaja y las zonas francas sigan siendo un lugar donde se construyen vidas, no solo productos.
Ese futuro no está escrito. Pero sí está a nuestro alcance.
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Cuando la democracia deja de funcionar
Muchas veces se ha advertido: hay gente jugando con la democracia, jugando con fuego. Los resultados de Latinobarómetro 2026 obligan a subir el tono de esa alerta. Antes, el problema era la inconformidad de muchas personas con políticos y gobiernos. Pero ahora sigue en aumento la población dispuesta a aceptar salidas que pueden debilitar la propia democracia.
Por Néstor Estévez
Muchas veces se ha advertido: hay gente jugando con la democracia, jugando con fuego. Los resultados de Latinobarómetro 2026 obligan a subir el tono de esa alerta. Antes, el problema era la inconformidad de muchas personas con políticos y gobiernos. Pero ahora sigue en aumento la población dispuesta a aceptar salidas que pueden debilitar la propia democracia.
La primera señal viene del Estado: la genera una sensación de aumento del abandono estatal hacia la ciudadanía. Según la reputada publicación, el 73 % de los latinoamericanos considera que, durante los últimos tres años, el Estado ha hecho poco o nada por ellos y sus familias. En 2011 pensaba así el 63 %.
Eso se entiende mejor cuando miramos lo que dice Latinobarómetro sobre los servicios. Solo el 40 % está satisfecho con la educación pública; con los hospitales, apenas el 28 %; con la justicia, el 22 %, y con la policía, el 30 %. Para mucha gente, el Estado aparece cuando cobra impuestos, pero desaparece cuando necesita respuestas.
Aquí comienza un peligro mayor. Si las instituciones no resuelven problemas, la ciudadanía pierde confianza. Y cuando esa pérdida dura demasiado, aparecen personas dispuestas a cambiar derechos por promesas de resultados rápidos.
Latinobarómetro 2026 revela que sólo el 47 % de los dominicanos apoya la democracia como sistema de gobierno. Además de un notable descenso de ocho puntos en los dos últimos años, en República Dominicana, ese respaldo es inferior al promedio de América Latina, que se sitúa en 52 %.
También están en crisis los partidos en la región. Apenas el 15 % confía en ellos y el 76 % dice no sentirse representado por su Congreso o Parlamento. Sin embargo, el 55 % considera que no puede haber democracia sin partidos y el 74 % considera indispensables las elecciones. Aquí hay una contradicción que es muy recomendable estudiar: queremos democracia, pero desconfiamos de quienes están llamados a ejercer un rol de principalía al momento de hacerla funcionar.
Un serio peligro
Aquí hay un serio peligro porque ese vacío abre paso al personalismo. Cuando los partidos dejan de representar ideas, comunidades y sectores sociales, comienzan a convertirse en vehículos para una persona. Entonces importa menos el programa y más el personaje; menos el equipo y más la imagen; menos la institución y más quien promete resolverlo todo, aunque a la hora de la verdad termine haciendo nada.
A eso se suma una nueva batalla: la información. La televisión ha perdido peso y las redes sociales ocupan cada vez más espacio en la conversación política. El problema es que el 76 % de los latinoamericanos percibe información falsa circulando por esas plataformas.
En ese ambiente, distinguir verdad y mentira puede resultar difícil. Un video manipulado, una fotografía creada con inteligencia artificial o una falsedad repetida miles de veces pueden influir en lo que creemos. Y cuando votamos sobre mentiras, nuestra libertad de elegir también queda afectada.
¿Qué hacer entonces?
La primera tarea corresponde al Estado: demostrar que funciona. Eso significa mejores escuelas, hospitales, seguridad, justicia y servicios públicos. Hay que pasar del dicho al hecho porque no basta con simples discursos. La ciudadanía necesita comprobar que sus instituciones sirven para mejorar su vida.
La segunda tarea corresponde a los partidos. Necesitan recuperar su función de representar, formar dirigentes, escuchar comunidades, escoger mejores candidaturas y rendir cuentas. Si solo aparecen para las elecciones, seguirán perdiendo legitimidad y dejando espacio a proyectos construidos alrededor de figuras individuales.
La tercera tarea nos corresponde a todos: aprender a verificar información, desconfiar de aquello que busca provocar reacción inmediata o simplemente entretener para mantenernos desviados de lo esencial. Necesitamos enseñar a niños y jóvenes – y a muchos que ya no lo son, pero se comportan como si lo fueran- a moverse responsablemente en el mundo digital.
La democracia latinoamericana conserva fortalezas. Las elecciones todavía cuentan con amplio respaldo. Pero esa reserva puede agotarse si el Estado continúa fallando y la política sigue alejándose de las personas.
El desafío no consiste únicamente en conservar la democracia. Consiste en lograr que funcione, represente y produzca resultados sin sacrificar libertades. Porque cuando la democracia deja de funcionar, aunque aparezca alguien ofreciendo respuestas fáciles, termina saliendo demasiado caro.
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Wellington Arnaud: el hombre, el amigo y el dirigente
Hablar de Wellington Arnaud es hablar de una persona cuya trayectoria política no puede separarse de su dimensión humana.
Por Doctor Ramon Ceballo
Hablar de Wellington Arnaud es hablar de una persona cuya trayectoria política no puede separarse de su dimensión humana.
Más de dos décadas de participación pública permiten observar no solamente al dirigente, al legislador o al funcionario, sino también al amigo, al compañero, al padre de familia y al ser humano que ha ido construyendo su camino a través del tiempo.
Y quiero comenzar precisamente por ahí: por el ser humano.
A Wellington se le reconoce como amigo, hermano y líder. Tres palabras sencillas, pero que adquieren un significado especial cuando son pronunciadas desde una relación construida durante muchos años.
La amistad verdadera no se demuestra únicamente cuando las circunstancias son favorables. Se demuestra cuando el tiempo pasa, cuando cambian las posiciones y cuando aparecen dificultades.
En Wellington hay una valoración permanente del trabajo, el sacrificio, la dedicación y la preparación. No concibe el crecimiento como algo que ocurre de manera automática. Entiende que detrás de cada responsabilidad debe existir esfuerzo y que la preparación es una condición indispensable para asumir nuevos desafíos.
Hay otro aspecto que considero fundamental: su manera de relacionarse con las personas.
Quienes han compartido con él durante años destacan su disposición para escuchar. Pero no se trata simplemente de oír. Se trata de escuchar con atención, con respeto y, sobre todo, mirando a la persona a los ojos. Ese gesto aparentemente sencillo dice mucho sobre la manera de entender las relaciones humanas.
En la política, donde muchas veces las diferencias pueden convertirse en enfrentamientos personales, mantener el respeto por quien piensa diferente constituye una cualidad importante.
Desde sus primeros años de participación política, Wellington promovió una visión distinta para la juventud. Su planteamiento no estuvo fundamentado en hablar mal de sus adversarios ni en descalificar a otros dirigentes.
Su preocupación estaba dirigida a construir una nueva manera de hacer política, incorporando jóvenes, formando liderazgos y abriendo espacios para quienes tenían aspiraciones de servir desde sus comunidades.
Ese enfoque también ayuda a comprender otra de sus características: la capacidad para construir relaciones.
Durante más de veinte años ha mantenido contacto con dirigentes de diferentes generaciones y lugares del país. Ha recorrido municipios, distritos y comunidades, conociendo personas, escuchando inquietudes y acompañando procesos políticos y sociales.
Y hay algo que merece ser resaltado: la capacidad de impulsar a otros.
En política, no siempre es fácil ayudar a que otra persona crezca. Algunas veces se entiende el liderazgo como la necesidad de ocupar todo el espacio. Wellington, en cambio, ha sido señalado como alguien que ha orientado y acompañado a jóvenes que posteriormente han desarrollado sus propias carreras en la política, en la administración pública, en el empresariado y en organizaciones comunitarias.
Eso puede llamarse generosidad política: entender que el crecimiento de los demás no disminuye el propio liderazgo.
Su conocimiento del territorio también es producto de ese contacto permanente. No se trata únicamente de conocer nombres o lugares. Significa haber estado allí, haber conversado con dirigentes, haber conocido comunidades y haber entendido que la política nacional comienza muchas veces en los pequeños espacios donde la gente expresa sus preocupaciones cotidianas.
Por eso se le identifica como una persona de pueblo, alguien cercano a la dirigencia de base y capaz de establecer relaciones de confianza.
La cercanía, sin embargo, no significa ausencia de disciplina. Su trayectoria también refleja perseverancia y capacidad de trabajo. Ha ido avanzando paso a paso, asumiendo responsabilidades diferentes y acumulando experiencias que posteriormente han contribuido a su desempeño como legislador y funcionario público.
A esas condiciones se agregan sus cualidades gerenciales. Quienes han observado su desempeño destacan su capacidad para organizar, planificar y asumir responsabilidades. Esa combinación entre el contacto humano y la gestión constituye una parte importante de su perfil.
También se habla de él como una persona afable, comprometida y de trato cercano. Son características que adquieren mayor valor cuando se mantienen independientemente del lugar que se ocupe.
Porque el verdadero carácter de una persona no debería depender del cargo que desempeña.
Y llegamos entonces a una dimensión que considero esencial: la familia.
Wellington ha hablado de su esposa y de sus hijos como una de las mayores realizaciones de su vida. Reconoce la importancia de contar con una compañera que comprenda su visión, que lo apoye y que comparta con él los desafíos de la vida.
También ha expresado que sus hijos constituyen una fuente de equilibrio y de tranquilidad.
En medio de las responsabilidades políticas y públicas, la familia representa ese espacio donde el dirigente deja de ser dirigente y vuelve a ser simplemente padre, esposo y ser humano.
Y cuando habla de sus padres, aparecen valores que ayudan a comprender su formación.
De su madre reconoce haber recibido amor y cariño. De su padre, trabajo, disciplina y honestidad.
Pero hay algo particularmente importante: no habla solamente de enseñanzas recibidas mediante palabras, sino de valores aprendidos observando la conducta de sus progenitores.
Quizás ahí encontremos una de las claves para entender su trayectoria.
Porque el liderazgo no comienza necesariamente en un partido político, en una institución pública o en un Congreso.
Muchas veces comienza mucho antes: en el hogar, en la manera en que una persona aprende a respetar, a trabajar, a cumplir su palabra, a relacionarse con los demás y a asumir responsabilidades.
Por eso, cuando pienso en Wellington Arnaud, no pienso solamente en el político.
Pienso en el amigo que conserva relaciones durante décadas.
En el compañero que sabe escuchar.
En el dirigente que procura formar a otros.
En el joven que quiso abrir espacios para una nueva generación.
En el político que entiende que el adversario no tiene que convertirse en enemigo.
En el hombre que ha recorrido el país y conoce a dirigentes y comunidades.
En el funcionario que ha tenido que transformar ideas en gestión.
Y, finalmente, en el padre y esposo que encuentra en su familia una fuente de equilibrio.
Esa suma de experiencias y valores explica una trayectoria que no se construyó de un día para otro.
Se ha construido con trabajo, preparación, relaciones humanas, perseverancia y tiempo.
Y quizá esa sea la mejor manera de aproximarnos a Wellington Arnaud, no solamente por los cargos que ha ocupado, sino por el camino recorrido para llegar hasta ellos y, sobre todo, por la manera en que ha procurado relacionarse con las personas que han formado parte de ese camino.
Opiniones
Cuando dejamos de creer en las noticias
Los seres humanos necesitamos creer. Distintas aproximaciones antropológicas, psicológicas, sociológicas y neurológicas han examinado esa necesidad. Dispersión, desesperanza y hasta vértigo son solo algunas de las consecuencias que vivimos cuando dejamos de creer.
Por Néstor Estévez
Los seres humanos necesitamos creer. Distintas aproximaciones antropológicas, psicológicas, sociológicas y neurológicas han examinado esa necesidad. Dispersión, desesperanza y hasta vértigo son solo algunas de las consecuencias que vivimos cuando dejamos de creer.
En el ámbito de las sociedades, el hecho de creer en algo o en alguien sirve para alimentar la confianza que opera a modo de “pegamento” para quienes forman parte de una colectividad.
Durante mucho tiempo, el periodismo ayudó a las sociedades a saber qué ocurría, vigilar a quienes tenían poder y tomar mejores decisiones. Cierto es que no siempre cumplió bien esa tarea; cometió errores y también sufrió presiones. Pero su aporte ha sido clave para construir y ayudar a mantener sociedades democráticas.
Hoy ese papel enfrenta una prueba difícil. No porque falten noticias, sino porque tenemos demasiada “información” y cada vez resulta más complicado saber en cuál confiar.
El Digital News Report 2026, del Reuters Institute, estudió casi 100,000 personas en 48 mercados. República Dominicana no está incluida, pero el informe ofrece un “espejo para mirarnos”: solo 37 % dice confiar en las noticias, el nivel más bajo desde que comenzó esa medición. Según el reporte 2026, también aumentó la preocupación por las noticias falsas.
El cambio no ocurre solamente en la confianza. También está cambiando la manera de informarnos. Por primera vez, las redes sociales y plataformas de video son usadas para noticias por 54 % de las personas consultadas, ligeramente por encima de la televisión, con 52 %. Entre los jóvenes, esa transformación es todavía mayor.
Un reto dominicano
En República Dominicana es muy útil prestar atención a este fenómeno. El informe Digital 2026 estima 10.5 millones de usuarios de internet, equivalentes al 91 % de la población. TikTok reportaba un alcance publicitario de 7.89 millones de adultos y YouTube de 7.50 millones de usuarios.
Esto significa que una parte enorme de nuestra conversación pública ocurre en pantallas pequeñas. Muchas personas ya no entran primero a la página de un periódico ni esperan un noticiario. La información aparece mientras miran videos, revisan mensajes o recorren las redes.
Hay quienes se empeñan en echar la culpa a las redes sociales virtuales. Pero, como dice el saber popular, “la fiebre no está en la sábana”. El problema surge cuando desaparecen los filtros que ayudan a separar un hecho comprobado de un rumor, una investigación de una opinión y una noticia de un contenido creado únicamente para provocar miedo, rabia o sorpresa. Ahí, la pérdida de confianza deja de ser un problema exclusivo del periodismo.
Una sociedad necesita hechos compartidos para convivir. Podemos pensar distinto sobre un problema, pero primero necesitamos saber qué ocurrió. Cuando cada grupo tiene su propia “verdad”, dialogar se hace más difícil. Ahí es donde crecen la confusión, los enfrentamientos y la posibilidad de manipulación.
En República Dominicana eso puede afectar asuntos muy cercanos: unas elecciones, una emergencia, una denuncia de corrupción, una decisión económica o una crisis sanitaria. Si el ciudadano no sabe a quién creer, también pierde herramientas para decidir.
Reconstruir la confianza
La salida no consiste en regresar al periodismo de hace treinta años porque ese mundo ya no existe. Tampoco basta con publicar más. El desafío es recuperar credibilidad en los lugares y formatos donde ahora está la gente.
Los medios necesitan explicar mejor, corregir con transparencia y diferenciar claramente información, opinión y publicidad. Los periodistas deben verificar antes de publicar, incluso cuando la velocidad de las redes presione en sentido contrario. Y las plataformas tienen responsabilidades frente a la desinformación que ayudan a distribuir.
Pero el público es determinante. Antes de creer y compartir debemos preguntarnos quién publica, qué pruebas presenta y si otras fuentes confiables confirman la información. Esa sencilla costumbre puede convertirse en una nueva forma de ciudadanía.
En otro artículo preguntaba quién gana cuando el periodismo pierde. Ahora pregunto: ¿qué pierde una sociedad cuando sus integrantes dejan de confiar en la información? Sencillamente, pierde capacidad para dialogar, entenderse y decidir en común.
Por eso, defender un periodismo confiable no significa defender empresas ni profesiones. Significa cuidar algo mucho más cercano: nuestra capacidad para convivir y la posibilidad de reconocer y transformar nuestra realidad.
Opiniones
Una fecha, dos carreras y tres claves
Por Néstor Estévez
El cinco de septiembre puede ser una fecha como cualquier otra. Pero desde el más reciente, la sociedad dominicana puede tomarla como referente de tres claves que impulsan carreras.
En fecha cinco de septiembre de 2026, los corazones dominicanos encontraron especiales motivos para latir al compás. Aunque en continentes distintos, dos compatriotas coincidieron en fecha para encarnar el orgullo que nos ayuda a unificarnos y a crecer como país. Una atleta cruzó la meta y levantó los brazos. Una joven escuchó el nombre de su patria y sonrió ante el mundo.
Las cámaras atraparon ambos instantes. Visto así, todo puede parecer rápido. Sin embargo, detrás de esos segundos existen años de preparación, sacrificios y decisiones. Las historias recientes de Marileidy Paulino y Joheirry Mola muestran precisamente eso: el éxito puede tener diferentes escenarios, pero suele exigir disciplina, esfuerzo y constancia.
Marileidy corre. Joheirry comunica, enseña, modela y desarrolla proyectos sociales. Una compite contra el reloj en los 400 metros. La otra llegó hasta Vietnam para representar a la República Dominicana en Miss Mundo 2026. Sus campos son distintos, pero sus caminos tienen puntos en común. Ninguna llegó a la cima solamente por talento. Ambas han tenido que prepararse, aprender, competir y mantenerse firmes cuando el resultado deseado no estaba garantizado.
La atleta y la beldad
Marileidy Paulino acaba de conquistar por cuarta vez el título de la Liga Diamante. Había ganado en 2022, 2023 y 2024, pero en 2025 terminó en segundo lugar. Ese dato resulta importante porque permite entender mejor su grandeza.
Perder un título después de haberlo ganado varias veces pudo haberla frustrado. Pero ella hizo otra cosa: siguió entrenando, volvió a competir y recuperó el primer lugar. Eso es constancia. No significa ganar siempre; significa continuar cuando algo no sale como esperábamos.
Dicen que en una carrera de 400 metros no basta con correr rápido. Según especialistas en el tema, hay que saber distribuir las fuerzas, mantener el ritmo y guardar energía para el final. Marileidy ha convertido esa combinación de velocidad, resistencia y estrategia en una marca de su carrera. Su ejemplo recuerda que las grandes metas requieren planificación. Quien gasta toda su energía al comienzo puede quedarse sin fuerzas antes de llegar.
La trayectoria de Joheirry Mola transmite una enseñanza parecida: antes de convertirse en Miss Mundo 2026, ya había construido una vida de estudio y trabajo. Es docente de Literatura y Estudios Sociales, comunicadora, modelo profesional y gestora de proyectos sociales. Voices of Tomorrow es una iniciativa suya para educar niños y jóvenes de comunidades vulnerables. Su corona, por tanto, no apareció sobre una historia vacía. Llegó sobre una trayectoria que ya tenía propósito.
Pero hay otra similitud entre ambas dominicanas: las dos han aprendido a preparar cada paso. Marileidy repite entrenamientos, corrige movimientos y administra su energía. Joheirry ha combinado varias áreas con su preparación para competencias. Son actividades distintas, pero tienen una misma exigencia: hacer bien las pequeñas tareas que nadie celebra para algún día alcanzar el gran resultado que todos aplauden.
Una diferencia fundamental
Esa diferencia entre aplauso y proceso merece atención. Mucha gente suele mirar la medalla, el trofeo o la corona, pero pocas veces imagina las horas de práctica, los errores, el cansancio, las dudas y las renuncias. Por eso las historias de Marileidy y Joheirry pueden ser especialmente útiles para los jóvenes. Enseñan que soñar es importante, pero que un sueño sin trabajo corre el riesgo de quedarse como deseo.
También enseñan que representar al país no consiste únicamente en llevar una bandera. Significa mostrar, mediante la conducta, lo que una persona puede lograr cuando encuentra un propósito y trabaja para alcanzarlo. Desde una pista o bajo luminarias, estas dos dominicanas proyectan una imagen de preparación, seguridad y compromiso.
Marileidy y Joheirry llegaron a lugares diferentes, pero siguieron rutas parecidas. Cada una descubrió sus capacidades y decidió desarrollarlas. Persistieron, se prepararon y aprovecharon oportunidades. Ahí está quizá la enseñanza más valiosa de sus triunfos: el talento abre puertas, pero no camina solo. El avance requiere disciplina para cumplir, esfuerzo para superar dificultades y constancia para continuar.
Las coronas y los trofeos brillan. Pero necesitamos valorar todo el trabajo que ocurre antes de conquistarlos. Ahí está la verdadera grandeza de estas dos compatriotas.
Opiniones
¿Es bueno o malo buscar el “clic”?
Parece que todo va demasiado rápido. Mensajes, publicaciones y videos compiten a toda hora por nuestra atención. En medio de ese ruido aparece un cruce de caminos. Por un lado, están las acciones guiadas por valores; por el otro, aquellas que persiguen la fama instantánea o el dinero fácil. Ante eso vale preguntarnos: ¿qué tipo de sociedad construimos con cada clic?
Por Nestor Estevez
Parece que todo va demasiado rápido. Mensajes, publicaciones y videos compiten a toda hora por nuestra atención. En medio de ese ruido aparece un cruce de caminos. Por un lado, están las acciones guiadas por valores; por el otro, aquellas que persiguen la fama instantánea o el dinero fácil. Ante eso vale preguntarnos: ¿qué tipo de sociedad construimos con cada clic?
Dos caminos
La primera forma de actuar parte de principios conocidos: honestidad, respeto, justicia, verdad y bienestar común. Quien se guía por ellos se detiene antes de decidir y se pregunta. “¿Esto es correcto?” “¿Podría hacerle daño a alguien?” “¿Ayuda a que convivamos mejor?”.
Quien así actúa intenta hacer lo correcto, aunque nadie lo aplauda, su publicación reciba pocas reacciones o pierda oportunidad de ganar dinero rápido.
La otra manera responde a las reglas más agresivas del mundo digital. El empeño es conseguir el “clic”, el “me gusta” y la fama del momento. No interesa si algo es verdadero o respetuoso. A quien así actúa solo le importallamar la atención, que “lo rieguen” y cuánto le dejará.
Y no es malo que un mensaje llegue lejos. El problema comienza cuando la fama se convierte en el único propósito,y sacrificamos la verdad o la dignidad para alcanzarla.
¿Pueden avanzar los valores?
A primera vista, parecería que los valores llevan las de perder. El chisme, el escándalo, la exageración y el enojo vuelan por las redes. Una reflexión serena avanza más despacio. Sin embargo, lo viral muchas veces dura lo mismo que un fósforo encendido: brilla, calienta un poco… y se apaga. Las acciones honestas quizás no produzcan ese estallido inmediato, pero construyen algo más valioso: confianza, respeto y credibilidad.
Claro, los valores tampoco deben quedarse en discursos bonitos. Hay que convertirlos en conductas concretas. Debemos actuar responsablemente cuando hacemos circular una información y cuando decidimos creer o compartir lo que recibimos.
Por si acaso, no invito a renunciar a la creatividad ni al humor. Ser ético no significa ser aburrido. Significa contar historias atractivas sin engañar, emocionar sin manipular y llamar la atención sin pasar por encima de otros.
Cinco preguntas antes de publicar
Antes de compartir una noticia, una fotografía, un video o un comentario, conviene detenerse unos segundos y pasar la decisión por cinco filtros: verdad, utilidad, respeto, coherencia y responsabilidad. Es tan sencillo como preguntar:
¿Lo que publicaré es real y puede comprobarse? ¿Aporta algo valioso o solamente busca provocar reacciones? ¿Estoy tratando con dignidad a las personas involucradas? ¿Mi comportamiento coincide con lo que defiendo públicamente?¿He pensado en las consecuencias que esto puede tener?
La trampa del clic
Caer en la trampa de la “viralidad” resulta fácil porque suele presentarse con un disfraz atractivo: el del “éxito rápido”. Más seguidores, comentarios y visualizaciones… y la sensación de que todo marcha bien.
Pero hay señales de alerta. Una aparece cuando actuamos por impulso, sin verificar ni pensar. Otra, cuando exageramos un problema para provocar indignación o convertimos el dolor ajeno en espectáculo. También ocurre cuando dejamos de mirar a las personas como seres humanos y comenzamos a verlas solo como “seguidores”, “clientes”, números o máquinas de producir reacciones. O peor: como “zafacones” en donde lanzamos cualquier cosa.
La señal más clara llega cuando cambiamos lo que pensamos o defendemos para agradar a la multitud. En ese momento ya no usamos las redes para aportar o dialogar. Ahí perseguimos cualquier escándalo que nos permita seguir visibles, aunque esa visibilidad provoque daño.
¿Hacia dónde vamos?
Hoy por hoy, compiten dos modelos de sociedad: uno convierte nuestra atención en mercancía, premia el conflicto y celebra aquello que provoca reacción rápida. El otro entiende la comunicación como herramienta para escucharnos, comprender nuestras diferencias y convivir mejor.
¡Cuidado con echar la culpa a la tecnología! Un teléfono sirve para difundir una mentira o alertar sobre una injusticia. Una red social sirve para destruir una reputación o movilizar a una comunidad por una buena causa.
Eso significa que la responsabilidad sigue siendo nuestra. Es de quien publica, comenta, comparte o simplemente “le da pa’llá”. Tú y yo decidiremos qué clase de sociedad se acerca con el siguiente clic.
Opiniones
¿Está loca la sociedad o se hartó la gente?
A raíz de unas declaraciones del presidente del Partido Reformista Social Cristiano, Ing. Federico Antún Batlle “Quique Antún”, donde expresó que las puertas de esa organización estaban abiertas para todos los dominicanos que decidieran hacer carrera política en el PRSC, se desató en redes una ola de publicaciones que pocos esperábamos.
Por Dionisio Santana
A raíz de unas declaraciones del presidente del Partido Reformista Social Cristiano, Ing. Federico Antún Batlle “Quique Antún”, donde expresó que las puertas de esa organización estaban abiertas para todos los dominicanos que decidieran hacer carrera política en el PRSC, se desató en redes una ola de publicaciones que pocos esperábamos.
En ese mismo contexto, y sin que nadie lo confirmara oficialmente, una lluvia de posts empezó a dar por hecho que el reconocido influencer dominicano Santiago Matías “Alofoke” podría ser candidato presidencial por el partido fundado por el doctor Joaquín Balaguer.
Me puse a observar. Hice el ejercicio de revisar encuestas digitales, hilos de comentarios, reacciones. Y ahí estaban mezclados: Leonel Fernández, su hijo Omar de la Fuerza del Pueblo, Gonzalo Castillo y Francisco Javier García del PLD, y los oficialistas David Collado y Carolina Mejía del PRM .Todos con basta experiencia, con décadas recorriendo el país, con estructuras, con maquinaria política probada.
Y con todo eso, lo que vi me dejó estupefacto, asombrado y, sin mentirles, me llevé las manos a la cabeza y como dicen en el mundo urbano, me quedé «ají».
En casi todas esas encuestas y comentarios espontáneos de Instagram, Twitter/X y Facebook, una amplísima mayoría se inclinaba por votar en las próximas elecciones por Alofoke y en la casilla del otrora poderoso PRSC. No por un programa, no por una propuesta. Por el nombre. Por el personaje y su revolución lograda en plataformas y redes sociales.
Que quede claro: no estoy diciendo que Santiago Matías no pueda incursionar en política. Tiene derecho, como cualquier ciudadano, él está habilitado por la Constitucion dominicana, goza de sus derechos civiles y políticos, además, los estatutos del partido rojo no se lo prohíbe. Y si el pueblo lo favorece para cualquier posición electiva, la democracia es eso: la voluntad de la mayoría. Pero ¿de la noche a la mañana? ¿Con solo sugerir su nombre y publicar en redes que “podría ser candidato por el PRSC”? ¿Con solo eso superar en intención de voto a figuras que tienen 30 , 40 y 50 años en la arena pública?
Ahí me asaltan solo dos curiosidades, y ambas duelen:
- ¿O la sociedad está muy loca?
¿Hemos llegado al punto donde el algoritmo pesa más que la trayectoria? ¿Donde 5 millones de seguidores valen más que 5 años gestionando una alcaldía o un ministerio? Si es así, estamos frente a una nueva política: la del “me cae bien”, la del meme, la del clip viral. Y eso es peligroso, porque gobernar no es entretener. Gobernar es decidir sobre educación ,hospitales, carreteras, deuda, . Cosas que no se resuelven con un “exclusiva”. - ¿O la gente está desesperada y se jartó de los políticos tradicionales?
Esta me preocupa más. Porque si Alofoke gana encuestas sin decir una sola propuesta y sin decir una sola palabra de sus posibles aspiraciones, es porque los demás perdieron el crédito. Es el voto castigo disfrazado de novedad. Es el “cualquiera menos ustedes” convertido en número. Y cuando un pueblo se jarta, vota con rabia, no con razón. Y la rabia es mala consejera para elegir quien te va a administrar el país por 4 años.
El PRSC, con su declaración de “puertas abiertas”, juega su carta. Tiene derecho a renovarse. Balaguer mismo fue un maestro de leer el momento histórico, incluso, hasta llegar a hacer acuerdos políticos con abversarios históricos. Es decir, que la idea del PRSC no es descabellada cuándo se trata de levantarse de su inducida coma.
Alofoke mueve masas, eso nadie lo discute. Comunica como pocos. Conoce el pulso de la calle mejor que muchos dirigentes. Pero de ahí a sentarse en el Palacio hay un trecho largo que tendrá que ser muy bien asesorado en caso de que la hipótesis se convierta en realidad. Además tendrá que fajarse fuerte y seriamente a manejar temas que se llaman: plan de gobierno, equipo técnico, relaciones internacionales.
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