Opiniones
Zonas francas, fábricas sin gente y el futuro que sí podemos construir
Por: Luis Medina Japa
Hay algo que se siente cuando uno camina por una zona franca en Santiago, en San Pedro o cerca de Caucedo. El ruido de las máquinas, el olor a tabaco recién cortado, el silencio casi quirúrgico de una línea de dispositivos médicos. Son lugares donde se fabrican cosas que terminan en hospitales de Estados Unidos, en humidores de Europa o en interruptores que protegen casas en medio mundo. Y también son lugares donde miles de dominicanos y dominicanas han encontrado un empleo formal, un salario estable y, en muchos casos, la posibilidad de estudiar o sacar adelante a su familia.
Ese ecosistema, que hoy supera los 200,000 empleos directos, está frente a una transformación global que no podemos ignorar: las fábricas fantasmas de China. Plantas donde casi no hay personas. Solo robots, inteligencia artificial y líneas que no duermen.
Tres sectores que ya cuentan una historia distinta
Dispositivos médicos
Este es, sin duda, el ejemplo más claro de cómo hemos evolucionado. En 2024 las exportaciones de equipos médicos superaron los US$2,800 millones y representaron más del 33 % de todo lo que venden las zonas francas. En 2025, solo entre enero y agosto, ya sumaban casi US$1,930 millones.
Hoy operan unas 42 empresas, entre ellas siete de las diez más grandes del mundo: Medtronic, Cardinal Health, Baxter, Becton Dickinson, Fresenius, B. Braun y Medline. Generan alrededor de 33,500 empleos directos (más de la mitad ocupados por mujeres) y han invertido cerca de US$1,940 millones. Aquí se fabrican desde agujas de biopsia y válvulas neuroquirúrgicas hasta monitores de presión arterial y productos para transfusión. No es trabajo de ensamblaje simple: exige precisión, estándares sanitarios y disciplina. Y eso se nota en el perfil de las personas que trabajan ahí.
Tabaco y cigarros
El tabaco sigue siendo uno de los motores más humanos del sector. En zonas francas genera cerca de 39,000 empleos y, si se suma toda la cadena (desde el campo hasta la exportación), supera los 122,000 puestos de trabajo. Hay unas 130 empresas de zonas francas dedicadas a tabaco y derivados, el 93 % concentradas en el Cibao.
Las exportaciones del sector alcanzaron US$1,359 millones en 2025. Detrás de cada caja de cigarros premium hay una historia de familias que llevan generaciones cultivando y enrollando tabaco. Es un sector que no se automatiza fácilmente. El toque humano sigue siendo parte del valor.
Productos eléctricos y electrónicos
Este renglón aporta alrededor del 14-15 % de las exportaciones de zonas francas y genera más de 10,400 empleos directos. En 2024 superó los US$1,160 millones. Se fabrican interruptores, conectores, componentes para sistemas de ignición, cerraduras electrónicas e incluso partes de teléfonos. Empresas como Eaton han apostado fuerte, abriendo nuevas plantas. Es un sector que combina ensamblaje con cada vez más componentes de mayor complejidad técnica.
Estos tres ejemplos muestran algo importante: las zonas francas dominicanas ya no viven solo del textil barato. Están migrando hacia actividades donde el conocimiento, la calidad y la cercanía al mercado pesan más que el salario mínimo.
Las fábricas que no necesitan luz
Mientras nosotros avanzamos, China está construyendo un modelo radicalmente distinto. Las “dark factories” o fábricas a oscuras operan casi sin trabajadores humanos. Xiaomi tiene una planta en Pekín capaz de producir un smartphone por segundo. Foxconn ha reemplazado decenas de miles de personas por robots. Fabricantes de vehículos eléctricos y baterías ya tienen líneas completas donde las luces se apagan porque nadie las necesita.
No es ciencia ficción. Es una realidad que reduce costos, elimina errores humanos y permite producir 24/7. Pero también plantea una pregunta incómoda: si el futuro de la manufactura global se mide solo por velocidad y costo de robots, ¿dónde quedamos nosotros?
La respuesta no está en competir con los robots
La respuesta está en otra parte. Está en convertir a República Dominicana en el lugar donde las empresas quieren estar porque llegan rápido al mercado más grande del mundo, porque pueden operar con previsibilidad y porque encuentran gente capacitada y una logística que funciona.
Aquí es donde la logística deja de ser un tema técnico y se convierte en una estrategia de país. Cuando una empresa de dispositivos médicos puede producir en una zona franca, almacenar en un parque logístico moderno cerca de Caucedo y despachar en tres o cuatro días a Miami o Nueva York, el cálculo cambia. Ya no se trata solo de fabricar barato. Se trata de responder rápido, con calidad y con menos riesgo geopolítico.
Qué debería hacer la política pública
Para que esto no se quede en discurso, hay decisiones concretas que el Estado y el sector privado deben tomar juntos:
- Acelerar la formación técnica de calidad
No basta con más cursos. Hay que alinear de forma agresiva los programas de INFOTEP, las universidades y las empresas para formar técnicos en automatización, mantenimiento de robots, calidad farmacéutica, logística digital y ciberseguridad industrial. Las 15,000 becas digitales anunciadas son un buen inicio, pero se necesita escala y continuidad.
- Simplificar de verdad los trámites
Instalar o expandir una empresa en zona franca todavía toma demasiado tiempo. Hay que digitalizar y reducir radicalmente los pasos para permisos, licencias ambientales y autorizaciones aduaneras. El tiempo es competitividad.
- Invertir en infraestructura logística de clase mundial
Más almacenes modernos (especialmente de cadena de frío), mejores conexiones viales entre parques industriales y puertos, y procesos aduaneros predecibles. La logística no es un costo: es el multiplicador de todo lo demás.
- Promover el encadenamiento local
Cada vez que una zona franca compra más a proveedores dominicanos, el beneficio se multiplica. Hay que diseñar incentivos claros para que las empresas grandes desarrollen proveedores locales de calidad.
- Definir una estrategia clara de nearshoring
No podemos seguir hablando del tema de forma dispersa. Se necesita una hoja de ruta con metas medibles, responsables y seguimiento público, enfocada en dispositivos médicos, electrónica, farmacéutica y servicios logísticos.
El futuro que sí podemos elegir
Las fábricas fantasmas de China nos recuerdan que el mundo avanza rápido. Pero también nos recuerdan que no todo se puede automatizar. La precisión de un dispositivo médico, el aroma de un cigarro premium o la capacidad de responder en días a un cliente en Estados Unidos siguen necesitando algo que los robots todavía no tienen: personas, ubicación y confianza.
República Dominicana tiene los tres. Lo que falta es decidir, con claridad y con urgencia, que vamos a apostar por un modelo donde la logística sea el corazón, el talento sea la ventaja y las zonas francas sigan siendo un lugar donde se construyen vidas, no solo productos.
Ese futuro no está escrito. Pero sí está a nuestro alcance.
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