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¿Está loca la sociedad o se hartó la gente?

Que quede claro: no estoy diciendo que Santiago Matías no pueda incursionar en política. Tiene derecho, como cualquier ciudadano

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Por Dionisio Santana

A raíz de unas declaraciones del presidente del Partido Reformista Social Cristiano, Ing. Federico Antún Batlle “Quique Antún”, donde expresó que las puertas de esa organización estaban abiertas para todos los dominicanos que decidieran hacer carrera política en el PRSC, se desató en redes una ola de publicaciones que pocos esperábamos.

En ese mismo contexto, y sin que nadie lo confirmara oficialmente, una lluvia de posts empezó a dar por hecho que el reconocido influencer dominicano Santiago Matías “Alofoke” podría ser candidato presidencial por el partido fundado por el doctor Joaquín Balaguer.

Me puse a observar. Hice el ejercicio de revisar encuestas digitales, hilos de comentarios, reacciones. Y ahí estaban mezclados: Leonel Fernández, su hijo Omar de la Fuerza del Pueblo, Gonzalo Castillo y Francisco Javier García del PLD, y los oficialistas David Collado y Carolina Mejía del PRM .Todos con basta experiencia, con décadas recorriendo el país, con estructuras, con maquinaria política probada.

Y con todo eso, lo que vi me dejó estupefacto, asombrado y, sin mentirles, me llevé las manos a la cabeza y como dicen en el mundo urbano, me quedé «ají».

En casi todas esas encuestas y comentarios espontáneos de Instagram, Twitter/X y Facebook, una amplísima mayoría se inclinaba por votar en las próximas elecciones por Alofoke y en la casilla del otrora poderoso PRSC. No por un programa, no por una propuesta. Por el nombre. Por el personaje y su revolución lograda en plataformas y redes sociales.

Que quede claro: no estoy diciendo que Santiago Matías no pueda incursionar en política. Tiene derecho, como cualquier ciudadano, él está habilitado por la Constitucion dominicana, goza de sus derechos civiles y políticos, además, los estatutos del partido rojo no se lo prohíbe. Y si el pueblo lo favorece para cualquier posición electiva, la democracia es eso: la voluntad de la mayoría. Pero ¿de la noche a la mañana? ¿Con solo sugerir su nombre y publicar en redes que “podría ser candidato por el PRSC”? ¿Con solo eso superar en intención de voto a figuras que tienen 30 , 40 y 50 años en la arena pública?

Ahí me asaltan solo dos curiosidades, y ambas duelen:

  1. ¿O la sociedad está muy loca?
    ¿Hemos llegado al punto donde el algoritmo pesa más que la trayectoria? ¿Donde 5 millones de seguidores valen más que 5 años gestionando una alcaldía o un ministerio? Si es así, estamos frente a una nueva política: la del “me cae bien”, la del meme, la del clip viral. Y eso es peligroso, porque gobernar no es entretener. Gobernar es decidir sobre educación ,hospitales, carreteras, deuda, . Cosas que no se resuelven con un “exclusiva”.
  2. ¿O la gente está desesperada y se jartó de los políticos tradicionales?
    Esta me preocupa más. Porque si Alofoke gana encuestas sin decir una sola propuesta y sin decir una sola palabra de sus posibles aspiraciones, es porque los demás perdieron el crédito. Es el voto castigo disfrazado de novedad. Es el “cualquiera menos ustedes” convertido en número. Y cuando un pueblo se jarta, vota con rabia, no con razón. Y la rabia es mala consejera para elegir quien te va a administrar el país por 4 años.

El PRSC, con su declaración de “puertas abiertas”, juega su carta. Tiene derecho a renovarse. Balaguer mismo fue un maestro de leer el momento histórico, incluso, hasta llegar a hacer acuerdos políticos con abversarios históricos. Es decir, que la idea del PRSC no es descabellada cuándo se trata de levantarse de su inducida coma.

Alofoke mueve masas, eso nadie lo discute. Comunica como pocos. Conoce el pulso de la calle mejor que muchos dirigentes. Pero de ahí a sentarse en el Palacio hay un trecho largo que tendrá que ser muy bien asesorado en caso de que la hipótesis se convierta en realidad. Además tendrá que fajarse fuerte y seriamente a manejar temas que se llaman: plan de gobierno, equipo técnico, relaciones internacionales.

Somos un medio de comunicación moderno, ágil y comprometido con informar con responsabilidad, claridad y sentido público.

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Una fecha, dos carreras y tres claves

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Por Néstor Estévez

El cinco de septiembre puede ser una fecha como cualquier otra. Pero desde el más reciente, la sociedad dominicana puede tomarla como referente de tres claves que impulsan carreras.

En fecha cinco de septiembre de 2026, los corazones dominicanos encontraron especiales motivos para latir al compás. Aunque en continentes distintos, dos compatriotas coincidieron en fecha para encarnar el orgullo que nos ayuda a unificarnos y a crecer como país. Una atleta cruzó la meta y levantó los brazos. Una joven escuchó el nombre de su patria y sonrió ante el mundo. 

Las cámaras atraparon ambos instantes. Visto así, todo puede parecer rápido. Sin embargo, detrás de esos segundos existen años de preparación, sacrificios y decisiones. Las historias recientes de Marileidy Paulino y Joheirry Mola muestran precisamente eso: el éxito puede tener diferentes escenarios, pero suele exigir disciplina, esfuerzo y constancia.

Marileidy corre. Joheirry comunica, enseña, modela y desarrolla proyectos sociales. Una compite contra el reloj en los 400 metros. La otra llegó hasta Vietnam para representar a la República Dominicana en Miss Mundo 2026. Sus campos son distintos, pero sus caminos tienen puntos en común. Ninguna llegó a la cima solamente por talento. Ambas han tenido que prepararse, aprender, competir y mantenerse firmes cuando el resultado deseado no estaba garantizado.

La atleta y la beldad

Marileidy Paulino acaba de conquistar por cuarta vez el título de la Liga Diamante. Había ganado en 2022, 2023 y 2024, pero en 2025 terminó en segundo lugar. Ese dato resulta importante porque permite entender mejor su grandeza. 

Perder un título después de haberlo ganado varias veces pudo haberla frustrado. Pero ella hizo otra cosa: siguió entrenando, volvió a competir y recuperó el primer lugar. Eso es constancia. No significa ganar siempre; significa continuar cuando algo no sale como esperábamos.

Dicen que en una carrera de 400 metros no basta con correr rápido. Según especialistas en el tema, hay que saber distribuir las fuerzas, mantener el ritmo y guardar energía para el final. Marileidy ha convertido esa combinación de velocidad, resistencia y estrategia en una marca de su carrera. Su ejemplo recuerda que las grandes metas requieren planificación. Quien gasta toda su energía al comienzo puede quedarse sin fuerzas antes de llegar.

La trayectoria de Joheirry Mola transmite una enseñanza parecida: antes de convertirse en Miss Mundo 2026, ya había construido una vida de estudio y trabajo. Es docente de Literatura y Estudios Sociales, comunicadora, modelo profesional y gestora de proyectos sociales. Voices of Tomorrow es una iniciativa suya para educar niños y jóvenes de comunidades vulnerables. Su corona, por tanto, no apareció sobre una historia vacía. Llegó sobre una trayectoria que ya tenía propósito.

Pero hay otra similitud entre ambas dominicanas: las dos han aprendido a preparar cada paso. Marileidy repite entrenamientos, corrige movimientos y administra su energía. Joheirry ha combinado varias áreas con su preparación para competencias. Son actividades distintas, pero tienen una misma exigencia: hacer bien las pequeñas tareas que nadie celebra para algún día alcanzar el gran resultado que todos aplauden.

Una diferencia fundamental

Esa diferencia entre aplauso y proceso merece atención. Mucha gente suele mirar la medalla, el trofeo o la corona, pero pocas veces imagina las horas de práctica, los errores, el cansancio, las dudas y las renuncias. Por eso las historias de Marileidy y Joheirry pueden ser especialmente útiles para los jóvenes. Enseñan que soñar es importante, pero que un sueño sin trabajo corre el riesgo de quedarse como deseo.

También enseñan que representar al país no consiste únicamente en llevar una bandera. Significa mostrar, mediante la conducta, lo que una persona puede lograr cuando encuentra un propósito y trabaja para alcanzarlo. Desde una pista o bajo luminarias, estas dos dominicanas proyectan una imagen de preparación, seguridad y compromiso.

Marileidy y Joheirry llegaron a lugares diferentes, pero siguieron rutas parecidas. Cada una descubrió sus capacidades y decidió desarrollarlas. Persistieron, se prepararon y aprovecharon oportunidades. Ahí está quizá la enseñanza más valiosa de sus triunfos: el talento abre puertas, pero no camina solo. El avance requiere disciplina para cumplir, esfuerzo para superar dificultades y constancia para continuar.

Las coronas y los trofeos brillan. Pero necesitamos valorar todo el trabajo que ocurre antes de conquistarlos. Ahí está la verdadera grandeza de estas dos compatriotas.

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¿Es bueno o malo buscar el “clic”?

Parece que todo va demasiado rápido. Mensajes, publicaciones y videos compiten a toda hora por nuestra atención. En medio de ese ruido aparece un cruce de caminos. Por un lado, están las acciones guiadas por valores; por el otro, aquellas que persiguen la fama instantánea o el dinero fácil. Ante eso vale preguntarnos: ¿qué tipo de sociedad construimos con cada clic?

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Por Nestor Estevez

Parece que todo va demasiado rápido. Mensajes, publicaciones y videos compiten a toda hora por nuestra atención. En medio de ese ruido aparece un cruce de caminos. Por un lado, están las acciones guiadas por valores; por el otro, aquellas que persiguen la fama instantánea o el dinero fácil. Ante eso vale preguntarnos: ¿qué tipo de sociedad construimos con cada clic?

 Dos caminos

La primera forma de actuar parte de principios conocidos: honestidad, respeto, justicia, verdad y bienestar común. Quien se guía por ellos se detiene antes de decidir y se pregunta. “¿Esto es correcto?” “¿Podría hacerle daño a alguien?” “¿Ayuda a que convivamos mejor?”.

Quien así actúa intenta hacer lo correcto, aunque nadie lo aplauda, su publicación reciba pocas reacciones o pierda oportunidad de ganar dinero rápido.

La otra manera responde a las reglas más agresivas del mundo digital. El empeño es conseguir el “clic”, el “me gusta” y la fama del momento. No interesa si algo es verdadero o respetuoso. A quien así actúa solo le importallamar la atención, que “lo rieguen” y cuánto le dejará.

Y no es malo que un mensaje llegue lejos. El problema comienza cuando la fama se convierte en el único propósito,y sacrificamos la verdad o la dignidad para alcanzarla.

 ¿Pueden avanzar los valores?

A primera vista, parecería que los valores llevan las de perder. El chisme, el escándalo, la exageración y el enojo vuelan por las redes. Una reflexión serena avanza más despacio. Sin embargo, lo viral muchas veces dura lo mismo que un fósforo encendido: brilla, calienta un poco… y se apaga. Las acciones honestas quizás no produzcan ese estallido inmediato, pero construyen algo más valioso: confianza, respeto y credibilidad.

Claro, los valores tampoco deben quedarse en discursos bonitos. Hay que convertirlos en conductas concretas. Debemos actuar responsablemente cuando hacemos circular una información y cuando decidimos creer o compartir lo que recibimos. 

Por si acaso, no invito a renunciar a la creatividad ni al humor. Ser ético no significa ser aburrido. Significa contar historias atractivas sin engañar, emocionar sin manipular y llamar la atención sin pasar por encima de otros.

 Cinco preguntas antes de publicar

Antes de compartir una noticia, una fotografía, un video o un comentario, conviene detenerse unos segundos y pasar la decisión por cinco filtros: verdad, utilidad, respeto, coherencia y responsabilidad. Es tan sencillo como preguntar:

¿Lo que publicaré es real y puede comprobarse? ¿Aporta algo valioso o solamente busca provocar reacciones? ¿Estoy tratando con dignidad a las personas involucradas? ¿Mi comportamiento coincide con lo que defiendo públicamente?¿He pensado en las consecuencias que esto puede tener?

 La trampa del clic

Caer en la trampa de la “viralidad” resulta fácil porque suele presentarse con un disfraz atractivo: el del “éxito rápido”. Más seguidores, comentarios y visualizaciones… y la sensación de que todo marcha bien.

Pero hay señales de alerta. Una aparece cuando actuamos por impulso, sin verificar ni pensar. Otra, cuando exageramos un problema para provocar indignación o convertimos el dolor ajeno en espectáculo. También ocurre cuando dejamos de mirar a las personas como seres humanos y comenzamos a verlas solo como “seguidores”, “clientes”, números o máquinas de producir reacciones. O peor: como “zafacones” en donde lanzamos cualquier cosa.

La señal más clara llega cuando cambiamos lo que pensamos o defendemos para agradar a la multitud. En ese momento ya no usamos las redes para aportar o dialogar. Ahí perseguimos cualquier escándalo que nos permita seguir visibles, aunque esa visibilidad provoque daño.

 ¿Hacia dónde vamos?

Hoy por hoy, compiten dos modelos de sociedad: uno convierte nuestra atención en mercancía, premia el conflicto y celebra aquello que provoca reacción rápida. El otro entiende la comunicación como herramienta para escucharnos, comprender nuestras diferencias y convivir mejor.

¡Cuidado con echar la culpa a la tecnología! Un teléfono sirve para difundir una mentira o alertar sobre una injusticia. Una red social sirve para destruir una reputación o movilizar a una comunidad por una buena causa.

Eso significa que la responsabilidad sigue siendo nuestra. Es de quien publica, comenta, comparte o simplemente “le da pa’llá”. Tú y yo decidiremos qué clase de sociedad se acerca con el siguiente clic.

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El Museo de Historia que el legado mocano merece

Con una breve pero contundente reseña histórica, comunitarios y gestores culturales de la demarcación mocana solicitan formalmente, al presidente de la República Luis Abinader Corona, la construcción y apertura del “Museo de Historia de la provincia Espaillat”.

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Por Juan Cruz Triffoli

Con una breve pero contundente reseña histórica, comunitarios y gestores culturales de la demarcación mocana solicitan formalmente, al presidente de la República Luis Abinader Corona, la construcción y apertura del “Museo de Historia de la provincia Espaillat”.

Se trata de un espacio donde tenga cabida gran parte de la memoria histórica de un terruño, enclavado en el epicentro de la fértil región cibaeña, que ha dado al país más de 300 hijos e hijas de proyección internacional, nacional y local.

Sobre esta interesante iniciativa nos informa el licenciado Orlando López, acucioso historiador y poeta, presidente del Presídium y de la Unión de Escritores en la referida comunidad norteña, a través de un extenso y valioso documento donde se resaltan anotaciones sobre la heroica provincia Espaillat, las cuales reproducimos a continuación.

Hacer referencia a Moca es aludir a una comarca con un clima variado, con terreno montañoso, ríos y playas, en donde se percibe una productividad agropecuaria diversa y atractiva.

La entidad provincial posee tierras de alta fertilidad y su denominación honra al ex presidente Ulises Francisco Espaillat.

Su municipio cabecera, Moca, debe su nombre a tres versiones: al árbol Mocán, una epidemia de moscas en el Paso de Moca o a un sub-taíno llamado Mocá, en Villa Trina. 

Estudios sitúan su fundación en 1556, en el Alto del Fuerte, actual Cuartel de Bomberos y alrededores hasta Juan Lopito.

Por razones más que convincentes, Moca es calificada como cuna de héroes y sepulturera de tiranos por lo que algunos investigadores han coincidido en afirmar que “su historia está escrita con letras de oro y con actos de libertad”. 

De sus entrañas surgieron ajusticiadores de dos dictadores: Lilís, el 26 de julio de 1899 y Trujillo, el 30 de mayo de 1961.

De esa población cibaeña han salido 3 presidentes, 5 vicepresidentes, 5 cancilleres, 48 ministros, 59 directores generales, 8 procuradores generales de la República, 4 presidentes de la JCE, 4 jueces de altas cortes, 8 ministros de Defensa y 5 jefes de la Policía Nacional.

En lo diplomático, los mocanos han dirigido 40 embajadas y 37 consulados. 

En lo legislativo: 3 presidentes del Senado y 2 de la Cámara de Diputados. 

En la sociedad civil: 23 presidentes de instituciones.

Moca aportó más de 200 combatientes a la Revolución de Abril de 1965, la mayor participación de un solo pueblo. 

Los seis hombres de confianza del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó y del doctor José Francisco Peña Gómez son de origen mocano. 

Entre ellos: el coronel Juan María Lora Fernández, Héroe Nacional y Jefe de Estado Mayor del Ejército Revolucionario; el ingeniero Alberto Guzmán, asesor político; el teniente coronel Dr. Rafaelito Martínez; el teniente Germán Ureña; el sargento Melanio Romero; el locutor Jaime López Brache; y el licenciado Winston Arnaud, jefe de escolta de Peña Gómez.
La comunidad mocana es pionera de la aviación dominicana. 

Por iniciativa del presidente Horacio Vásquez se creó la primera Escuela Militar y de Aviación con 125,000 pesos. 

La provincia ha dado 25 pilotos, incluyendo al primer dominicano que voló en la Segunda Guerra Mundial, al primer piloto comercial graduado en EE.UU. en 1935, el primer piloto graduado en el país y la primera mujer piloto comercial de RD. 

En la Iglesia católica y la ciencia nacieron en la provincia Espaillat 6 obispos, entre ellos Hugo Eduardo Polanco Brito, Freddy Bretón y Diomedes Espinal, presidentes del Episcopado; y 6 científicos como el Dr. Juan Manuel Taveras Rodríguez padre de la Neurorradiología moderna, nacido en Estancia Nueva y el Dr. Sergio Bencosme.

En el campo de las letras los mocanos han aportado alrededor de 253 escritores con 1,593 libros y 554,753 páginas. 

Entre esos escritores se destacan Juan Antonio Alix, Gabriel Morillo Sosa, Julio Jaime Julia y Bruno Rosario Candelier, miembro prominente de la Academia de la Lengua. 

En las artes plásticas: Guillo Pérez, Silvano Lora, Papi Guadalupe y Hugo Mata. 

En la música: Gabriel del Orbe, “Rey de las Octavas”; Papa Molina y Antonio Morel, forjadores del merengue y Oscar Wagner, quien trajo el son en 1928.

La provincia en referencia suma tres campeonatos mundiales de Paso Fino con la yegua “La Maraquita”; al maratonista Álvaro Abreu, campeón mundial; y a tres Inmortales del Deporte: Rubén Lulo, Alberto Resset y Alberto Delgado Malagón.

También registra en su historia el haber sido 8 veces capital política y productiva de la nación y 4 veces capital agropecuaria, al producir más del 85% de los huevos y el 60% de la mejor yuca del país.

La historia de Moca quedaría trunca si no hacemos alusión que ese punto geográfico es cuna de una de las Constituciones más liberales y democráticas del país, aprobada en 1858, siendo presidente de la nación el general José Desiderio Valverde.

Finalmente, dos frases resumen al mocano, resaltando su identidad y su honestidad: “Moca, cuna de héroes y sepulturera de tiranos” y “Secos, sacudidos y medidos por buen cajón”.

Por todo lo anterior y otras motivaciones no expuestas por razones de espacio, los pobladores de la provincia Espaillat no se cansarán en solicitar al presidente Luis Abinader Corona el levantamiento y la apertura de un Museo de Historia a la altura de sus innumerables y trascendentales aportes.

Definitivamente, tal como lo refiere el licenciado Orlando López, incansable investigador y promotor de la historia y la cultural de su pueblo natal, una provincia que ha dado tanto a la Patria, merece un lugar donde su memoria no se preste, se exhiba.

Ya veremos…

El autor es Sociólogo – Comunicador Dominicano

triffolio@gmail.com

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El 26 de Julio que Moca debe recordar

El 26 de Julio huele a pólvora en el epicentro del Caribe.

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Por Juan Cruz Triffolio

El 26 de Julio huele a pólvora en el epicentro del Caribe.

En 1953 causó estruendo en Moncada, Cuba, la Isla Fascinante.

En 1899 retumbó en Moca, República Dominicana. 

Ambos acontecimientos cambiaron la historia.

Uno sembró una revolución que tardó 6 años.

El otro apagó, esa misma noche, 17 años de dictadura.

La noche del 26 de Julio de 1899, Ulises Heureaux “Lilís” cayó abatido en la calle El Sol de la comunidad mocana. 

Murió ahí mismo. 

Con él se apagó el último gran caudillo del Siglo XIX.

No fue un magnicidio cualquiera.

Fue el punto final a una era de corrupción, oprobios, represión y crímenes.

Lo paradójico de Lilís es que nos dejó luces y sombras del mismo tamaño, que reflejan remozamiento y deuda, además de orden y miedo.

Por eso su muerte no puede contarse sólo como crimen o justicia. 

Lilís modernizó el país con el telégrafo y el ferrocarril, pero lo endeudó y concentró el poder de una manera ilimitada.

Su ajusticiamiento fue bisagra en tanto cerró un ciclo autoritario y abrió el Siglo XX dominicano.

Como paradoja, Moca ejecutó su “Moncada” 54 años antes que Cuba. 

La Isla Grande Caribeña falló en armas, pero ganó en idea.

La comarca mocana, en cambio, ganó en hechos, pero perdió memoria. 

Siendo de esa manera, hoy, el 27 de Febrero y el 16 de Agosto permanecen en el alma nacional. 

En cambio, el 26 de Julio de Moca sigue ausente. 

Y esa omisión nos empobrece, porque olvidar cómo cerramos ciclos oscuros es arriesgarnos a repetirlos.

El próximo domingo 26 de Julio de 2026 se cumplen 127 años del histórico ajusticiamiento en la denominada “Villa Heroica” y no debemos dejarlo pasar como una efeméride cualquiera.

Su conmemoración exige de un acto sencillo, significativo y profundo en los alrededores del punto geográfico donde fuera materializado el  trascendental acontecimiento.

Allí han de intervenir varios de los reputados historiadores con que cuenta el país, además de las principales autoridades nacionales y provinciales, sin olvidar a los representativos de la diplomacia cubana, en ánimo de que retumbe, por los cuatro costados, sin exclusiones ni pasiones, quién fue Ulises Heureaux, cómo y por qué se produjo su ajusticiamiento y algo más, qué significó su caída.

Si el 26 de Julio de 1953 le demostró a Cuba y al mundo que las ideas persisten, el 26 de Julio de 1899 debe enseñarle a República Dominicana que las dictaduras sí se terminan. 

Por eso sugerimos un acto plural y de memoria. 

Moca hizo su parte en 1899.

Ahora le toca al país mirar esa fecha con seriedad, con elegancia, con datos y con verdad.

Hoy, más que nunca, es el momento para interiorizar que cuando un pueblo olvida cómo cerró sus épocas de opresión, corre el riesgo de abrirlas de nuevo.

Y eso, sinceramente, no es aconsejable…

El autor es sociológo y comunicador social
trifffolio@gmail.com

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Reforma tributaria: ahora toca explicar

La propuesta tributaria del Gobierno ya dejó de ser propuesta. En apenas veinticuatro horas recorrió el camino legislativo y se convirtió en ley, cumpliendo con los procedimientos que exigen la Constitución y los reglamentos del Congreso Nacional. La rapidez del trámite sorprendió a muchos, pero más llamaron la atención algunas modificaciones introducidas por los legisladores durante el proceso.

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Por Luis González Fabra

La propuesta tributaria del Gobierno ya dejó de ser propuesta. En apenas veinticuatro horas recorrió el camino legislativo y se convirtió en ley, cumpliendo con los procedimientos que exigen la Constitución y los reglamentos del Congreso Nacional. La rapidez del trámite sorprendió a muchos, pero más llamaron la atención algunas modificaciones introducidas por los legisladores durante el proceso.

 Resulta difícil entender que un grupo de senadores utilizara su investidura para reducir en RD$35,000 el impuesto único anual que deben pagar las bancas de lotería. Más difícil todavía resulta justificar que también modificaran el esquema impositivo previsto para los premios de loterías, lotos, fracatanes, apuestas y sorteos.

La propuesta original del Poder Ejecutivo establecía una retención del 25 % sobre las ganancias obtenidas en esos juegos de azar. Sin embargo, los legisladores decidieron suavizar significativamente la medida. A partir de la nueva ley, el 25 % solo será aplicado a premios superiores a RD$600,001, mientras que los premios comprendidos entre RD$200,001 y RD$600,000 pagarán apenas un 15 %. Una modificación que beneficia claramente a los operadores de ese sector y  deja  la impresión de que algunos intereses particulares encontraron oídos receptivos en el Congreso.

A pesar de esa concesión, la reforma logró conservar su objetivo fundamental: incrementar las recaudaciones del Estado entre RD$40,000 y RD$50,000 millones anuales sin trasladar la mayor carga tributaria a los sectores más vulnerables de la población.

   Uno de los aspectos  positivos de la nueva legislación es la actualización del mínimo exento del Impuesto Sobre la Renta para las personas físicas. Durante casi una década esa variable permaneció congelada mientras el costo de la vida seguía aumentando. Ahora el mínimo exento pasa de RD$34,685 a RD$39,900 mensuales, una corrección que representa un alivio real para miles de trabajadores de ingresos medios.

En términos prácticos, la medida equivale a un aumento indirecto de salario, porque reduce la carga tributaria sobre quienes viven exclusivamente de sus ingresos laborales. Además, el nuevo monto se acerca más al costo real de la canasta familiar.

También merece destacarse el incremento de la deducción por gastos educativos, que pasa de 25 % a 30 %, y alcanza un 50 % cuando esos gastos beneficien a personas con discapacidad. De igual forma, las pequeñas y medianas empresas reciben un alivio importante al quedar liberadas del pago de anticipos en las condiciones establecidas por la ley. Muchas de ellas pasarán de realizar doce pagos al año a solamente tres, reduciendo  su carga administrativa y financiera.

El sector agropecuario, por su parte, queda exento de anticipos y del impuesto a los activos, una medida que busca estimular la producción nacional de alimentos en un contexto internacional todavía incierto.

Otro elemento digno de mención es que el ITBIS no fue tocado. Fue una decisión prudente. Alterar ese impuesto habría significado impactar directamente el precio de los alimentos,  bienes de consumo masivo y servicios básicos. En otras palabras, habría sido equivalente a agitar un avispero social en momentos en que la estabilidad económica constituye un activo que el país debe preservar.

Pero la aprobación de la ley es apenas la primera parte de la tarea. Ahora comienza la segunda, y quizás la más importante: explicarla.

 La transparencia gubernamental no puede quedarse en discursos ni en campañas publicitarias. Los contribuyentes tienen derecho a saber por qué se les pide un esfuerzo adicional, cuáles riesgos se intentan prevenir y cómo serán utilizados los recursos recaudados. Más aún cuando la situación internacional ha cambiado. La guerra que sirvió de argumento para acelerar el plan tributario concluyó mediante un acuerdo, el estrecho de Ormuz permanece abierto y los precios del petróleo muestran una tendencia a la baja.

Es cierto que el mundo continúa siendo inestable y que la incertidumbre económica global no ha desaparecido. También es cierto que preservar la paz social y la estabilidad nacional constituye una prioridad legítima. Pero esas razones deben ser explicadas con claridad, datos y argumentos.

          Las reformas tributarias no se sostienen únicamente con votos legislativos. Se sostienen, sobre todo, con confianza ciudadana. Y la confianza nace cuando el Gobierno informa, escucha y rinde cuentas. La ley ya fue aprobada. Ahora corresponde convencer al país de que el sacrificio solicitado tiene sentido, es necesario y será administrado con responsabilidad.  En materia de impuestos, tan importante como recaudar es merecer la confianza de quienes pagan.

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Colombia al borde del estallido electoral

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Por Miguel Andrés Jaramillo Luján
Magíster en Gobierno y estratega político

Colombia llega este domingo 31 de mayo a una de las elecciones presidenciales más complejas, emocionales y polarizadas de su historia reciente. Y quizás la principal conclusión antes de abrir las urnas es una sola: en esta primera vuelta no habrá un ganador político claro. Habrá, sí, un reacomodo de fuerzas, dos sobrevivientes rumbo al balotaje del 21 de junio y un país todavía más dividido frente a su futuro inmediato.

La disputa presidencial terminó concentrada en tres nombres: Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Esa concentración no ocurrió de manera espontánea. Fue impulsada por un fuerte efecto de voto útil, alimentado durante meses por encuestas cuestionadas, ecosistemas digitales agresivos y una amplificación constante desde medios de comunicación y grupos económicos que terminaron moldeando la conversación pública.

Durante el último año, quien ha liderado prácticamente todas las encuestas ha sido el senador Iván Cepeda, candidato respaldado por el petrismo. Su trayectoria política ha estado marcada por el conflicto armado, la defensa del proceso de paz y el enfrentamiento permanente con el uribismo. El juicio contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez terminó convirtiéndose en el símbolo más poderoso de su carrera política. Aunque posteriormente un tribunal declaró inocente a Uribe, el impacto mediático de aquel proceso consolidó a Cepeda como referente absoluto de la izquierda colombiana.

Sin embargo, para amplios sectores del país, Cepeda representa un liderazgo más enfocado en la confrontación ideológica que en la administración práctica del Estado. Allí aparece una de las grandes preguntas de esta elección: ¿puede gobernarse un país tan complejo como Colombia únicamente desde la confrontación política?

En segundo lugar aparece Abelardo de la Espriella, probablemente el fenómeno político más disruptivo de esta campaña. Inspirado en modelos como Javier Milei y Nayib Bukele, construyó una marca política agresiva, emocional y profundamente digital. Su campaña entendió muy bien el lenguaje contemporáneo de las redes: velocidad, confrontación, viralidad y espectáculo.

Pero detrás de esa maquinaria sofisticada también apareció un ecosistema paralelo caracterizado por ataques sistemáticos, desinformación y campañas de destrucción reputacional contra adversarios políticos. La gran incógnita es si ese músculo digital realmente se traducirá en votos o si terminará inflando artificialmente la percepción de respaldo ciudadano.

La tercera gran fuerza es la encabezada por la senadora Paloma Valencia, heredera política del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Su fórmula vicepresidencial con Juan Daniel Oviedo intenta proyectar modernización, diversidad y renovación dentro del uribismo. La posibilidad de una dupla presidencial conformada por una mujer y un hombre abiertamente gay representa un hecho simbólicamente poderoso dentro de la historia democrática colombiana.

Sin embargo, existe un dato profundamente preocupante: ninguno de los tres candidatos más opcionados ha ocupado cargos de poder ejecutivo local, regional o nacional. Ninguno ha administrado una alcaldía importante, una gobernación o un ministerio de alto nivel. Ninguno ha enfrentado desde la ejecución pública la complejidad operativa de gobernar un país tan fragmentado y desigual como Colombia.

Y gobernar Colombia no es administrar un país cualquiera. Colombia es prácticamente un conjunto de países dentro de un mismo territorio: regiones desconectadas, economías ilegales, narcotráfico, inequidad social y profundas fracturas culturales. La ejecución pública exige mucho más que capacidad discursiva; requiere experiencia concreta de gobierno.

Al revisar los programas de gobierno de los tres candidatos más opcionados, resulta evidente que existen coincidencias en los temas que hoy dominan las preocupaciones ciudadanas: seguridad, generación de empleo y mejores condiciones de salud. Allí está el verdadero corazón de esta campaña. Hoy el miedo por el deterioro de la seguridad y la fragilidad económica pesa más que muchas discusiones ideológicas tradicionales.

Precisamente en materia económica aparece uno de los mayores temores del sector productivo y de los inversionistas internacionales: la posibilidad de que una eventual llegada de Iván Cepeda fortalezca un relato antiempresarial y de desestímulo al sector privado. Muchos empresarios consideran que el petrismo más radical ha construido una narrativa de confrontación permanente contra la empresa privada, generando incertidumbre sobre la inversión y el crecimiento económico.

Ese temor se amplifica en una economía particularmente frágil. El exministro Alejandro Gaviria la describió recientemente como una “economía de nadadito de perro”: una economía que avanza lentamente, pero apenas logra mantenerse a flote. Colombia no está quebrada, pero tampoco atraviesa un momento sólido. Cualquier error político o fiscal podría generar efectos delicados sobre el empleo y la estabilidad social.

El presidente Gustavo Petro ha logrado sostenerse políticamente con cerca de un 32 % de aprobación, incluso a pocos meses de terminar su mandato. Parte de esa capacidad de supervivencia se explica por medidas profundamente populares entre los sectores más vulnerables.

Una de ellas fue el incremento extraordinario del salario mínimo, que durante su gobierno alcanzó aumentos cercanos al 23 %, más del doble de lo que históricamente suele incrementarse en Colombia. Esa decisión golpeó fuertemente a pequeños y medianos empresarios, afectando la generación de empleo formal y encareciendo la contratación laboral.

Pero, al mismo tiempo, millones de familias sintieron un alivio inmediato en sus ingresos. Allí radica buena parte de la fortaleza política del petrismo: mientras sectores empresariales cuestionan el impacto económico de sus decisiones, una enorme base popular percibe que, por primera vez, un gobierno puso dinero directamente en manos de los más pobres.

También debe reconocerse que el gobierno Petro logró cifras importantes en entrega de tierras a campesinos, impulsó subsidios para adultos mayores y promovió medidas sociales que, aunque calificadas como populistas por sus opositores, generaron un fuerte impacto emocional en la base de la pirámide social colombiana.

Y es precisamente allí donde gran parte de la oposición parece no haber entendido cómo funciona hoy la política contemporánea. En lugar de construir una oposición estratégica e inteligente, muchos sectores terminaron alimentando permanentemente el caos, la confrontación emocional y la radicalización del discurso. Sin comprenderlo, fortalecieron la narrativa del propio Petro frente a millones de colombianos históricamente excluidos.

Desde nuestra firma consultora hemos corroborado que la política, los políticos y la ciudadanía cambiaron radicalmente. Los tiempos de obsolescencia del marketing político tradicional son cada vez más cortos. Hoy las viejas fórmulas pierden efectividad a una velocidad vertiginosa. Los grandes mítines, las bolsas llenas de dinero, la presión electoral, el clientelismo y buena parte de las maquinarias tradicionales dejaron de ser garantía de victoria.

La ciudadanía colombiana ya no se comporta igual. Existen nuevas generaciones mucho más empoderadas, emocionales, digitales y profundamente desconfiadas de las estructuras tradicionales de poder. Incluso la forma de protestar cambió: hoy muchos ciudadanos expresan su rabia, frustración o hastío a través del voto, castigando a los partidos históricos y alterando por completo las lógicas tradicionales de la política colombiana.

Los apellidos históricos, las casas políticas tradicionales y las estructuras eternas del Senado y la Cámara siguen teniendo peso, pero ya no controlan completamente el comportamiento electoral como ocurrió durante décadas. El elector contemporáneo es mucho más impredecible, emocional y sensible a las dinámicas de opinión pública construidas desde las redes sociales.

Mientras tanto, el llamado centro político terminó desdibujándose lentamente. Claudia López demostró capacidad de ejecución en proyectos como el Metro de Bogotá, las manzanas del cuidado y diversos programas de infraestructura urbana. Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia, representa uno de los perfiles con mayor experiencia administrativa de esta contienda. Sin embargo, ambos terminaron perdiendo espacio frente a campañas mucho más emocionales y polarizantes.

La participación electoral podría rondar los 25.850.000 votantes, apenas cerca del 51 % del potencial electoral colombiano. Y esa cifra incluso podría disminuir en segunda vuelta debido a la coincidencia parcial con el Mundial de Fútbol de 2026, fenómeno que históricamente altera las dinámicas de participación electoral en América Latina.

Otro elemento profundamente delicado en esta elección es el papel de las inteligencias artificiales generativas y de los ecosistemas digitales manipulados. Lo ocurrido recientemente en Ecuador, Honduras, Panamá, República Dominicana, México y Estados Unidos ya había anticipado este escenario: campañas atravesadas por automatización digital, producción masiva de contenido político sintético y proliferación de noticias falsas.

En Colombia, el fenómeno parece haber alcanzado niveles especialmente preocupantes. Buena parte de la conversación política que consume diariamente el ciudadano podría no ser orgánica. Likes, tendencias y percepciones de popularidad terminan siendo fabricadas digitalmente, alterando profundamente la percepción democrática de los ciudadanos.

En medio de ese ambiente de sospecha, el presidente Gustavo Petro ha cuestionado públicamente la transparencia del sistema electoral colombiano e insistido en acceder a los códigos fuente utilizados por la Registraduría Nacional para la consolidación de resultados. El organismo electoral negó dicha solicitud y, desde entonces, Petro endureció su discurso alrededor de la supuesta ilegitimidad del sistema.

La paradoja es evidente: se trata del mismo sistema que lo eligió presidente y que permitió a su movimiento político obtener una representación significativa en el Congreso. Deslegitimar anticipadamente las instituciones democráticas puede terminar erosionando la confianza colectiva en el sistema electoral.

Colombia llega así a esta elección agotada de polarización, saturada de propaganda y profundamente influenciada por un ecosistema digital cada vez más artificial. El domingo probablemente no habrá un verdadero ganador. Habrá simplemente dos sobrevivientes políticos avanzando hacia una segunda vuelta incierta, mientras el país sigue buscando, entre el ruido, el miedo y la rabia, alguien capaz no solamente de ganar una elección, sino verdaderamente de gobernar.

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Opiniones

El eslabón perdido del empoderamiento: ¿Por qué nos olvidamos de educar a los hombres?

Vivimos en la era de la «mujer empoderada». Desde la infancia, bombardeamos a nuestras niñas con mensajes de autonomía, liderazgo y libertad. Les hemos enseñado que pueden ser lo que quieran, que su voz vale y que no deben aceptar menos de lo que merecen. Sin embargo, en esta ecuación de progreso social, hemos dejado un vacío peligroso: mientras la mujer vuela, al hombre lo hemos dejado anclado en un modelo de masculinidad rancio, posesivo y violento.

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Por Raydina Lora

Vivimos en la era de la «mujer empoderada». Desde la infancia, bombardeamos a nuestras niñas con mensajes de autonomía, liderazgo y libertad. Les hemos enseñado que pueden ser lo que quieran, que su voz vale y que no deben aceptar menos de lo que merecen. Sin embargo, en esta ecuación de progreso social, hemos dejado un vacío peligroso: mientras la mujer vuela, al hombre lo hemos dejado anclado en un modelo de masculinidad rancio, posesivo y violento.

Este mayo, tristemente bautizado como un «mes rojo» en la República Dominicana, nos estalla en la cara una realidad sangrienta. Las cifras de feminicidios no son solo estadísticas; son nombres de mujeres que murieron por el «delito» de ejercer su autonomía y decir «ya no quiero estar contigo».

La educación a medias es un fracaso total, el error sistémico es evidente. Estamos transformando a una mitad de la población mientras la otra mitad sigue operando con el «cerebro» del siglo pasado. Si educas a la mujer para ser libre, pero no educas al hombre para gestionar el rechazo, la frustración y la igualdad, estás creando un escenario de colisión inevitable.

El feminicidio es la máxima expresión de un sentido de propiedad que la sociedad todavía le permite al hombre. Hasta que no entendamos que la educación masculina es la verdadera prevención, seguiremos enterrando mujeres. No basta con empoderar a la víctima si no desarmamos mentalmente al victimario.

 Un sistema que bosteza ante la sangre, es indignante, ver cómo las instancias llamadas a proteger y prevenir parecen estar en un estado de parálisis burocrática. ¿Dónde están las campañas agresivas de reeducación para hombres? ¿Dónde están las políticas públicas que intervengan antes de que el cuchillo o la pistola aparezcan en escena?

Quiero hacer un llamado a reflexionar a las siguientes instancias de nuestro país: 

Ministerio de la Mujer y de Educación: Su labor no puede quedarse en charlas de salón. La reforma debe ser curricular, atacando el machismo desde el preescolar. La violencia que está presentando los centros educativos es el futuro de una sociedad agresiva, es por eso que se debe velar  por esos niños y niñas que en el mañana serán adultos. 

Justicia y Policía:La indolencia en los destacamentos cuando una mujer va a denunciar es una sentencia de muerte firmada por el Estado. Deben de hacer régimen de consecuencia para los hombres abusivos y violentos. 

La Sociedad Civil: Seguimos criando «machitos» y celebrando conductas agresivas como signos de hombría. Las familias están normalizando las agresiones que hacen sus hijos a sus compañeros de la escuela y si no moldeamos conductas, ese machito será un abusivo en el mañana. Porque «El feminicidio no es un arrebato de pasión, es un acto de control. Y el control se enseña en casa y se tolera en las instituciones.»

Hoy quiero hacer un llamado a la sociedad en general y es que no podemos seguir permitiendo que el calendario dominicano se tiña de rojo cada vez que una mujer decide ser dueña de su destino. El empoderamiento femenino sin una transformación masculina es una trampa mortal. Si las instituciones no despiertan de su letargo y asumen que el problema no es solo proteger a la mujer, sino desaprender al hombre, seguiremos contando cadáveres. 

La educación es la clave, pero debe ser para todos. De lo contrario, el progreso será solo un espejismo que se desvanece en cada escena del crimen. Basta ya de flores y discursos. Necesitamos hombres educados para la paz y un Estado que deje de mirar hacia otro lado.

La autora es Orientadora y Neuropsicopedagoga 

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Opiniones

Los partidos y los funcionarios en sus múltiples manifestaciones

En toda democracia organizada, los partidos políticos constituyen mucho más que simples estructuras electorales destinadas a ganar elecciones. Son, en esencia, instrumentos de representación ideológica, canales de participación ciudadana y mecanismos de cohesión institucional. 

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Por Alfredo Arias

En toda democracia organizada, los partidos políticos constituyen mucho más que simples estructuras electorales destinadas a ganar elecciones. Son, en esencia, instrumentos de representación ideológica, canales de participación ciudadana y mecanismos de cohesión institucional. 

Por ello, cuando una organización política alcanza el poder, sus funcionarios —desde los más altos cargos nacionales hasta los representantes municipales— pasan a convertirse, voluntaria o involuntariamente, en expresión visible de la conducta, visión y coherencia del partido que los llevó al ejercicio de sus funciones. Sin embargo, en la práctica política contemporánea, no siempre ocurre así.

Con frecuencia se observa cómo determinados funcionarios, una vez alcanzada una posición de poder, comienzan a actuar bajo criterios exclusivamente personales, circunstanciales o grupales, olvidando que forman parte de una estructura política que posee principios, líneas institucionales y compromisos colectivos previamente asumidos ante la sociedad.

La función pública no puede convertirse en un escenario de individualismos desarticulados, donde cada funcionario interprete el ejercicio del poder según conveniencias particulares o emociones coyunturales. Cuando eso sucede, la organización política empieza a proyectar contradicciones internas, mensajes ambiguos y una preocupante pérdida de coherencia ante la ciudadanía.

Naturalmente, la disciplina partidaria no debe confundirse con obediencia ciega ni con la anulación del pensamiento crítico. Todo partido democrático necesita debates internos, diversidad de criterios y espacios para disentir. Pero existe una diferencia sustancial entre disentir responsablemente dentro de los canales institucionales y desacreditar públicamente las posiciones colectivas desde el mismo poder que el partido ayudó a conquistar.

Ahí radica uno de los grandes desafíos de los gobiernos modernos: mantener el equilibrio entre la libertad individual del funcionario y la responsabilidad política derivada de su pertenencia partidaria.

En los niveles municipales esta realidad suele evidenciarse aún más. Regidores, alcaldes, directores distritales y otros actores locales, muchas veces movidos por rivalidades personales, intereses electorales inmediatos o conflictos internos, terminan enviando señales contradictorias a la población. Y cuando la ciudadanía percibe que ni siquiera los propios dirigentes de una organización defienden o respetan sus líneas fundamentales, comienza inevitablemente el deterioro de la credibilidad política.

No se trata de imponer silencios forzados ni uniformidades artificiales. Se trata de comprender que el poder político tiene una dimensión colectiva y que cada funcionario representa, en alguna medida, la imagen institucional de su partido y de su gobierno.

La coherencia partidaria constituye un activo político invaluable. Un partido dividido públicamente, con funcionarios enfrentados entre sí o contradiciendo constantemente las decisiones institucionales, transmite inseguridad, improvisación y debilidad. Y en política, las debilidades públicas suelen tener altos costos electorales y morales.

Resulta igualmente preocupante cuando algunos funcionarios solo recuerdan al partido en tiempos electorales, pero lo ignoran durante el ejercicio cotidiano de sus responsabilidades públicas. Parecería que para ciertos sectores el partido es únicamente una escalera para ascender, pero no un compromiso permanente de conducta política e institucional.

Los partidos también tienen responsabilidad en esta problemática. Muchas organizaciones han relajado sus mecanismos de formación política, disciplina interna y orientación doctrinaria. En consecuencia, emergen funcionarios técnicamente preparados quizás, pero políticamente desvinculados de los principios que deberían defender y representar.

Gobernar implica administrar recursos, tomar decisiones y ejecutar políticas públicas. Pero también implica preservar coherencia institucional, respeto a las estructuras políticas y sentido de pertenencia organizacional.

Cuando un funcionario olvida eso, termina debilitando no solo a su partido, sino también la confianza ciudadana en el sistema democrático.

La madurez política exige comprender que los intereses individuales jamás deben colocarse por encima de la estabilidad, la credibilidad y la unidad de la organización que hizo posible el acceso al poder.
Porque al final de cuentas, los gobiernos pasan, los funcionarios cambian, pero la imagen pública de los partidos —para bien o para mal— permanece en la memoria colectiva de los pueblos.

alfredoariaslara@gmail.com


El Autor es Ocoeño, Educador, Abogado y Analista Político.

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